La cabalgata de las valquirias.




En la novela gráfica Watchmen, el personaje Hollis Mason comienza su biografía narrando lo más triste que se pudo imaginar -según consejos de su amiga escritora- de esa forma tendría a los lectores de su lado para luego continuar su historia como "un paseo". He pensado que la lógica aplicable a contener las emociones del lector a mi favor no se reducen sólo a contar una situación triste, o bien la situación más triste de mi vida y es que irónicamente, antes de alcanzar el nivel de el paseo que será contar lo que me acomete, debo comenzar con el verdadero paseo.
Es agradable hasta cierto punto volver al pasado a una situación que aflige para considerar lo aspectos positivos y negativos del actuar, es decir, plantearse en el racconto desde una visión personal y sentimental memorando las sensaciones por sobre todo y básicamente obviando los elementos alejados de nuestra percepción, algo así como un narrador protagonista y nada más; un ejercicio simple e incuestionable pero siendo la memoria, y en este sentido, los recuerdos tan frágiles como las promesas, a veces es mejor ser parte del experimento desde una perspectiva inversa para comprender los errores como un pequeño dios, estar por sobre todo dictamen de la pasión. ¿Por qué los errores? No lo sé, quizás sea más atractivo equivocarse a siempre mantener un camino recto y sin salpicaduras de estupidez. Además está el hecho que lamentar es para los que pierden, para los que dejaron atrás esa chispa vital y casi apagan el pulso en una mala maniobra en bicicleta pero salen airosos del que pudo ser el último día de su vida. Suponiendo que hasta el momento la configuración del recuerdo esté siendo procesada de manera tal que sólo operen en él los hechos fácticos, o bien los sucesos a ojo de testigo es que tenemos una historia ajena a nosotros y planteada de forma que nos parece familiar -esto realmente importa nada pues lo último que necesitamos es ser parte imaginaria de todo- pero que en el real contexto es una repetición peliculesca de un problema cardiorespiratorio acontecido mientras pedaleaba por el centro de Santiago. ¿Los errores? hay cientos de ellos y para regodearse, supongo que un año de comer pizza como rutina de almuerzo algo habrá influido, además de todo tipo de adicción destructiva, como el no dormir las horas suficientes o mantenerse obligadamente despierto a base de cafeína con el fin de "pensar cosas". Incluso hábitos que consideraba útiles en razón de la rutina, como no preparar desayuno antes de salir pueden ser vistos como una causante directa a mi propia cabalgata de las valquirias. Debo reconocer que el dolor no fue agradable, y desmayarme en la calle tampoco fue de lo mejor que me pudo pasar, pero aprecio cómo se dieron las cosas pues a pesar de despertar rodeado de personas desconocidas que intentaban reanimarme el mensaje queda, y como señaló quien me prestó ayuda: Aún te quedan cosas por hacer, no te tocaba morir.
Morir es la palabra clave, y es que no morí, pero fue una experiencia que me costará olvidar. Aún recuerdo con detalles precisos lo acontecido al momento de levantar la voz para luego caer al piso. Siento esa presión en el pecho y a ratos puedo también emular la deteriorada calidad visual que precedió al blackout -como dirían los gringos- puedo hacer un recorrido completo de lo que fue una nueva muestra de pérdida de los límites, o mejor dicho, de mis propias capacidades que de un segundo a otro me llevaron a la tierra para mostrarme que está todo fuera de mi control. Para mostrarme que soy un maldito animal que no comprende cómo mantener sus 21 gramos.
Me caí pero no perecí y lo recuerdo con todos los dolores que sentí en ese momento, sumado a la angustia y la pena de pensar que iba a quedar eternamente en aquel lugar de Bandera.
Originalmente mi idea era regresar sobre la base de un recuerdo puesto en un reproductor de imágenes para yo ser el juez de los errores; sé que hubo mucho que se pudo evitar, y eso es lo que realmente trato de recordar pues me parece que esto viene de mucho antes. Antes del desmayo, antes del dolor e incluso antes de sentir una incomodidad al respirar. Antes de haber pedaleado ese día. Pienso fríamente que esto viene a ser una nueva forma de dormir en cualquier lugar de la calle, pues a mi pesar, sigo soñando estupideces y despertando como en un coma. Suspendido en el tiempo.

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