Morfina.




Siempre pensando en ser alguien más, siempre a la sombra de quienes admirabas de cierta forma. Creando una maldita imagen de lo que deseabas vivir, y no siendo capaz de vivir lo que ya era parte de ti. Le temías a tu simpleza; eso es hermoso y triste. No puedes pensar que eso está bien... ¡jamás lo estará! No sé porqué no lo captas bella estúpida. Quizás algo de polvo en ti o será que ya no brilla ese interés que antes pudo iluminar las mejores ideas. De verdad siento algo de lástima, como si en mi nada de eso fuese parte; pero es la verdad y nunca me interesó mentir. Has tratado de llenar un envase con falsa pizcas de felicidad, mezclando todo en un amargo. Es decir, si mezclas tanta mierda siempre logras una especie de café. No hay más allá del espectro otro grado de luz que diluya la imagen del color que buscas. Y aunque muchos lo piensen así, la monotonía no es gris, es café, como una taza del mismo. Adictiva y amarga. No sabe a triunfo más que en una representación asquerosa en los recuerdos. Antes estabas a ese nivel tan magnífico en el que los nombres fluían de manera natural, como verdaderos ríos de locura que arman y desarman, unen y descomponen, crean y reencarnan cualquier tipo de enlace, cientos de luces, miles de parpadeos. Millones de miradas sobre una décima de segundo. Ahora eres una basura que arropa lo que alguna vez deseo en armarios del tamaño de una fotografía. ¿Acaso con frases lindas lograrás algo de lo que fuiste?... jamás pobre estúpida, no eres nada de lo que fuiste, ya nunca serás lo que fuiste. Siento que de a poco te apagas y me dejas aquí. Bella y estúpida mente,  jamás volverás a ser la misma.

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