A.E.D.A.





Te convertiste en el epílogo de una vida y con un simple movimiento le estás poniendo punto final. Corta el cuello y deja que se desangre; quítale el pellejo mientras termina de respirar para que sea más fácil. Boca abajo, como lo aprendiste de aquellos, la sangre no se estanca ni se coagula, fluye suavemente a través de las comisuras del puñal, manchando la nieve del piso, gota a gota, llenando un telar blanco en una obra abstracta que cuelga del interior de tus entrañas. Le llamas muerte, algo elevado y espiritual, a lo quizás más cercano a la materialidad y lo carnal: ser una exposición de fluidos vitales que emanan a través de un agujero ocasionado por un excelente pulso y una manualidad históricamente útil. La temperatura como bella orquesta del espíritu, será dirigida por el maestro de las melodías que de a poco sufrirá los golpes del cansancio y cederá ante el desahogo del asco dejando escapar todo por el cuello perforado. Aquel sonido no lo debes olvidar jamás, y el momento será fácil de recordar, ¿sientes como al internar aún más el puñal, tocas los huesos de la columna? ahora debes hacer el giro, la rotación desde el mango. Sentirás el tibio lamento de desdicha por tus dedos y una leve sensación de escalofrío al quebrar algo ahí dentro. Sigue rompiendo el cuello, es una hermosa escena ver caer algo más que sangre. Ver caer el dolor por tus manos manchadas de culpa. Ya no tienes alternativa a lo que ellos señalaron: nadie dijo que sería fácil que tuvieras que hacerlo en esta fecha del año menos con esa estupidez de herramienta. Ya eso será historia de misa. Ya derramaste lo que quedaba en ese corazón... Ahora revienta la cabeza y acaba con la razón.

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