Es que no vamos a comparar a Leitmotiv con Mala escena. Cada uno en su momento nació de una necesidad distinta. Si bien ambos concluyen o se orientan al mismo destino, en su esencia Leitmotiv era algo hermoso, una verdadera utopía a mi mente. Quizás eran los colores -que no quise volver a utilizar- o simplemente que estaba generado en la locura de la alucinación, psicodisléptico alucinógeno. Los mundos que no existen, los sueños de los ojos abiertos. No había nada de malo en ello, ni en ellos, menos en ella. Era un verdadero gusto entrar en las ideas como quien recorre un parque o un Jardín. Hay pocos lugares que me gusten más que ese Jardín. Pero como la mayoría de las obsesiones termina con el rechazo, ésta no podía ser la excepción. Me hace pensar que simplemente era un tumor con la forma de Marilyn Monroe, como la mayoría de las cosas hermosas, suelen ser tan lindas como el tiempo avanza y cada segundo es un segundo menos, en vez de adicionarlo a la línea temporal. Te vuelves un segundo más fea letra repetida. Leitmotiv terminó siendo esa letra magullada por los años de prostitución. Se ahorcó como la señorita Monroe con una línea de teléfono, pues es la historia repetida, de los ires y venires, del auge y la decadencia. Del amor a la desconfianza. De la desconfianza a la indiferencia. De la indiferencia a la depresión. De la depresión al autoengaño. De el autoengaño a la ilusión. De la ilusión a la vulnerabilidad. De la vulnerabilidad a la estupidez. De la estupidez a la drogadicción. De la drogadicción a la autodestrucción. Y de esa autodestrucción aparece el Polvo de ángel. Tan bella como tan dolorosa.
Supongo que es verdad eso que los malos ejemplos, son siempre los mejores.
Supongo que es verdad eso que los malos ejemplos, son siempre los mejores.
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