Atestaba la razón con imágenes sin sentido. Recortes rápidos de recortadas escenas de la memoria. Fútil intento de conservar el hilo magno de la suposición de las ideas. Es como un tren que se mantiene calmo, pero a la vez no se encuentra detenido en la estación. Tras de si, cientos de carros cuya única esperanza al movimiento pende de la marcha inicial de la locomotora. Noit le solían decir. Ya ni él recuerda el porqué de su apodo, jamás le importó cómo lo llamaran. Los sonidos y las palabras siempre se quedaban pequeñas ante su interés por la imagen, por la vista. Por mantener abiertos los ojos a los estímulos, al color. A la luz.
Los bolsillos de su chaqueta llenos de pequeños sobres con cocaína y en su maleta unos cuantos kilos más. Noit estaba en la estación haciéndolas de camello. Burrero. Manejaba los tiempos como en las películas invisibles, entre cada fotograma introducía un golpe al hecho. Promedió cerca de veinte por segundo y en intervalos de cinco daría la escena perfecta. Al final del día habría visto cerca de tres rodajes completos sin cuestionar su capacidad de transportar la droga al puerto de Fic. Esperaba, como en el cine, un séquito de policías custodiando su pasar, que lo observaran cautos y con sospecha. Él debía verse nervioso ante la persecución visual. Una pareja golpeaba el instante con sus estupideces. Una pareja de estúpidos.
-Un niño debe atravesar corriendo, su madre debe apresurarse a tomarlo del brazo- Pensó.
La obsesión como una regla fundamental en los pasillos de la estación, todo calculado por la seguridad del lugar. Él estaba ahí por las razones que él dispuso.
-Tres años en la cárcel, poco más de mil días... Más de noventa millones de fotogramas... La problemática del caos... ¡La problemática del caos!- Dijo en voz alta.
Se apresuró a la boletería y sin mediar diálogo se hizo de dos pasajes a la costa de la ciudad. 20-21. Ventana y pasillo.
- ¿Qué hacen todos parados ahí?
- Quizás juegan a observarte, Noit.
Se machacaba a si mismo la tragedia de su porvenir. Continuó caminando hasta el andén. Noit jamás esperó encontrarse a si mismo recostado en el piso del tren. O al menos eso parecía demostrar con su cara de espanto.
Los bolsillos de su chaqueta llenos de pequeños sobres con cocaína y en su maleta unos cuantos kilos más. Noit estaba en la estación haciéndolas de camello. Burrero. Manejaba los tiempos como en las películas invisibles, entre cada fotograma introducía un golpe al hecho. Promedió cerca de veinte por segundo y en intervalos de cinco daría la escena perfecta. Al final del día habría visto cerca de tres rodajes completos sin cuestionar su capacidad de transportar la droga al puerto de Fic. Esperaba, como en el cine, un séquito de policías custodiando su pasar, que lo observaran cautos y con sospecha. Él debía verse nervioso ante la persecución visual. Una pareja golpeaba el instante con sus estupideces. Una pareja de estúpidos.
-Un niño debe atravesar corriendo, su madre debe apresurarse a tomarlo del brazo- Pensó.
La obsesión como una regla fundamental en los pasillos de la estación, todo calculado por la seguridad del lugar. Él estaba ahí por las razones que él dispuso.
-Tres años en la cárcel, poco más de mil días... Más de noventa millones de fotogramas... La problemática del caos... ¡La problemática del caos!- Dijo en voz alta.
Se apresuró a la boletería y sin mediar diálogo se hizo de dos pasajes a la costa de la ciudad. 20-21. Ventana y pasillo.
- ¿Qué hacen todos parados ahí?
- Quizás juegan a observarte, Noit.
Se machacaba a si mismo la tragedia de su porvenir. Continuó caminando hasta el andén. Noit jamás esperó encontrarse a si mismo recostado en el piso del tren. O al menos eso parecía demostrar con su cara de espanto.