La piel no es un lienzo artístico. La piel es la salida fugaz de los recuerdos. Ahí quedan los besos y las caricias. Incluso las miradas se adhieren a ella como abejas en miel. Son uno a otra. La piel debe ser tratada como esa memoria borrosa y mal cuidada; el valor se va con el tiempo. Cada vez nos parecerá menos malo algo que en su comienzo fue horrible. Es la piel la que no queda sucia. Porque no es un lienzo. No, no se puede escribir en ella los recuerdos, no se puede borrar de ella lo olvidado. La piel es una horrible marca de temperatura, de frío y calor, muy distinta a un papel. La piel se consume a sí misma con dolores y afectos, cercanías y apellidos poco variables. La piel se lleva esa sensación de tacto, sin ser un lienzo en el que escribamos los nombres de todas nuestras amantes.
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