¿Qué deriva de un acto de violencia? y hablo de un acto que determinantemente sea dirigido a causar un justo daño -por justo no me refiero a los aspectos de justicia propiamente tal, sino al que el hecho tiene sólo una orientación, el dañar- al bien de otro individuo. Bien la pregunta es clara, el contexto no lo es, y de cierta forma entrar en mucho detalle puede desorientar la idea fundamental, haré una reseña a modo de historia minimalista.

En las calles suelen verse enfrentadas las dos fuerzas de movilidad; la Fordiana y la respectiva Draisiana[1]. Ambas fuerzas buscan su espacio interviniendo cada cierto tiempo en el espacio de la otra. Sin ser negativa o positiva, se debe ver esta realidad como el yinyang simplemente. En días en que se satura la movilidad, todos actúan de manera ofensiva, todos buscan imponer su deseo por entrar en el espacio del otro. Así es como choques de poder acontecen por toda la capital. Malos ciudadanos atochan a los no tan malos y estos en represalia atacan de manera vulgar. Un automóvil queda en el cruce exacto de los ciclistas, este último además, con la señal de tránsito a su favor. El avance de ambos al mismo tiempo implica el colapso. ¿Qué ocurre cuando la imprudencia supera el límite del respeto? pues el ciclista escupe al automóvil y le recuerda la fragilidad del parto al conductor. Este conductor queda contrariado en principio y luego notoriamente demuestra su enfado. 
¿Quién es el responsable? pues esa respuesta no importa tanto. 
¿Quién era aquel ciclista? pues claro, ese ciclista era yo.

A modo antiguo -por el hecho de caminar y discutir- es que acompañando a un amigo, planteé mi anécdota con la mayor de las inocencias. Me parecía y me parece desde el punto de vista juvenil, un acto de completa estupidez y de lo más asqueroso. Escupir es la palabra clave y primeramente mi compañero y yo lo llevamos a la risa, pero con el paso de los minutos e influenciados por la doctrina del alma es que aquel acto iba pareciendo cada vez más una muestra de la protesta consciente ante la iracunda prepotencia que un simple acto de jovial vitalidad.
Hay que comenzar por el hecho mismo de encontrar la dualidad vivida en la situación señalada; dos ciudadanos se encuentran en una dicotomía, no por el hecho de ser ya dos partes distintas, sino por la acción de ser uno, un representado de la ley que se ve vulnerado en su derecho y el otro un transgresor que recibe un castigo mediato y de dudosa calidad jurídica. No existe un debido proceso, ni menos una imputación de cargos. Uno de los personajes, el ciclista, actúa a modo de arbitro y verdugo y juzga tan rápido como flemas se juntan en su garganta una fría tarde de otoño. El escupo es entonces un símbolo del castigo; es precisamente el castigo. Si vemos el automóvil como la extensión de su conductor, entonces el golpe atestado por esta masa de flemas es justamente en la superficie del individuo, en la cara visible. Ya bien comenzando un quisquilloso análisis logramos dilucidar varias aristas que venían al caso. Una es la idea de ver este castigo como una muestra del mal actuar. El conductor se ve ejecutado en público, frente a su máquina por un acto que, más tarde por él mismo, podrá ser recordado como un mal conducir. Escupir es la aptitud[2] primigenia del ser humano. Somos gestados en el plano de un escupo divino, y es prácticamente la única función que como animales cumplimos a cabalidad. Ahora bien, este escupo cumplió con la finalidad de enseñar y en ese plano, este escupo divino es creador de un tercero vital que se genera, no el plano físico, sino en el mental. Así se sigue: el problema, se cuestiona la autoridad del semáforo, se rompe el pacto social, yo como ciclista intento mantener todo en los parámetros de la legalidad, el mal ciudadano no se satisface de mantener una corruptible actitud, se llega al extremo de cuestionar su actuar mediante un agravio tan real como el movimiento en falso de su cuestionable actitud. En dos planos mentales se gesta el tercero que corresponde al potencial, ocurrido en la mente del conductor. Entonces este escupo, ferviente de mucosidad llega a la superficie del automóvil dando a entender que por fuera, en el aspecto civil, su chofer ha actuado mal. Aquel mismo día, ese escupo significó para su conductor la necesidad imperante de ser limpiado, es una mancha, una deshonra. Pero lo fundamental es recordar para él, las razones de tener una mancha en el chasis de su auto. El hacerse las preguntas es el tercer elemento, como antes señalé. No importa cuántas respuestas alcance, sino cuántas logre realizar. Es así como en razón del escupo, el inconsciente del automovilista sabrá que algo malo ocurrió y se generó toda una gama de elementos negativos sobre su propio actuar. Será culpado a sí mismo como el causante de su propio mal, o al menos tendrá la dicha de cuestionar su andar siguiente a fin de evitar el contacto de su vehículo con otro golpe flemático, venido de la garganta de otro ciclista furioso.
Hasta ahí todo señala las razones por las cuales el mismo automovilista centra su culpa en sí mismo. Pero la conversación no acabó allí, pues mucho hay que decir sobre el tema. Lo ostentoso de llevar consigo una masa de acero y metal de unas ocho o diez veces tu propio peso fue el siguiente punto a debatir. ¿Qué representan estos elementos? Por un lado el hecho de la extensión corpórea señala la deficiencia que se suele representar como símbolo de virilidad. Cabe aquí la típica broma de quien presume lo que carece. Claro es que todo esto no forma parte del estudio filosófico del escupo, si nos sirve a modo de adecuación de la idea de golpear la virilidad y dejarla nula. Recordamos que este elemento de ostentación suele ser meritorio de miradas y presunción. Hoy ese vehículo sobre el cual versas tus oportunidades sexuales se encuentra limitado a una mancha tan grande como tu dolor y rabia. La ofuscación forma parte ahora del máximo impedimento a la sociabilización y el escupo es la manera de acabar con el elemento pene. Es un golpe directo al pene -concluimos entre risas-. El hombre nació para reproducirse, como un ser animal; un hombre que no se reproduce muere sin descendencia, por lo que no transciende. Un hombre sin descendencia es únicamente un error genético. El diálogo no acabó en lo metafísico.
La trascendencia como indicio de un trabajo mental -principalmente- y luego una aplicable a la physis fue lo que continuó. Entendemos fudamentalmente este trabajo como el primer elemento que busca entender la explicación más razonable. Originalmente era un arché, un elemento transmutador, presente en todo, origen de las cosas. El viaje del escupo es similar al viaje de una idea. Presuntuosa y concentrada se expande ante el contacto civilizador de la physis. En el mundo de las ideas, por lo tanto se mantiene la mucosa y al tocar un elemento material retrotrae lo antes meditado. El trabajo del mal ciudadano automovilista entonces es el invertido, pues ya no debe resumir de lo ocurrido como un hecho actual, sino que lo acontecido es un hecho pasado. Hacia atrás el escupo es la idea antes de la razón. Es la imaginativa antes del tacto. Antes de avanzar, y suprimir las leyes naturales, debemos detenernos a pensar.
Ya bien, definido como un elemento castigador, opositor a trascendencia y además, previo a las ideas es que se sigue el camino de mi ruta junto a mi compañero de diálogos. Se nos hizo tarde, se nos vino otra vez la noche que varió sin mayor cambio que el de la sensación térmica.
El escupo finalmente es la imagen de lo que acontece en el germen de la ciudad. Una máquina, una bestia, contra el poder humano y la debilidad que esto conlleva. Si no fuera por la distancia y los caminos distintos, nada de esta historia hubiese podido albergar semejantes ideas.
Otra vez este asqueroso Santiago se vuelve meca de las ideas arrogantes y el etéreo arte. Cultivamos hermosos templos para cubrirlos con palmeras y enfrentarlos a la repugnante movilidad urbana.
Por eso es que escupir, más que atentar la agresividad de un elemento discordante de la sociedad, es un golpe al conjunto completo que ya rompió el pacto de la polis. Asco, es la definición más adecuada.



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1. Es sabido que ninguno de los dos es el inventor propiamente tal, sin embargo quise hacer mención a ellos por razones lúdicas y de interés personal . Uno, por su importancia en el género en cuanto a la cadena de montaje y cómo esa cadena de montaje ha sido la reacción humana a la producción, siendo ahora los mismos seres quienes se mantienen en esa cadena como elementos de una fábrica. Hoy ya no se fabrican automóviles para los humanos, se fabrican humanos para que conduzcan automóviles. El segundo término, acuñado hoy mismo por mi, señala principalmente las características del invento de Karl Drais, la Laufmaschine, bien llamada "máquina de correr". La dependencia vital para el movimiento es fundamental para desarrollar la idea como una obra dramática en que la lucha de dos poderes completamente anversos se ve reflejada por la fuerza física de un humano frente a la generada por un motor a combustión.

2. Me refiero fundamentalmente a ella como la "capacidad para", que es llamada en Latín. El hombre nace con la cualidad expulsora, que a lo largo de su vida logra perfeccionar hasta considerarse una verdadera aptitud.

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