Cuando plantee mi propuesta filosófica del escupo, y lo hice en los círculos de sapientes teóricos, me dijeron: ¿Y si el tipo, al doblar luego de recibir el escupo en su auto, se topó con un joven que limpia los parabrisas en el semáforo?
Cagó mi teoría.


Por otro lado está la historia de los mil ojos, como he llamado yo, pero eso es harina de otro costal. Ya llegará el momento de relatarla completa. Aún es muy temprano. Los ojos no paran de brillar. Debe ser porque usó una artimaña. De cualquier forma, es ganadora.

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