Nicotiana Inspiradora

Basilius suele fumar en pipa para hacer fluir sus ideas. Según él, las ideas llegan cuando se encuentra más relajado. Yo en cambio, que pienso en la presión como gestor de esa imaginación, o bien que sobre la marcha de una entropía es en el momento que mejores rasgos de creatividad surgen de mis pensamientos. Hace meses atrás cuando Mork y yo nos conocimos tuvimos una breve conversación sobre estos procesos y de cómo los llevábamos a cabo; a veces pienso lo fácil que debe ser tener una razón propia para manifestar esa creatividad. Lo cómodo de sentarse a escribir sólo con una pipa y un tanto de tabaco negro. Por mi parte debo buscar ese caos que anuncia una tormenta. No me puedo quedar a esperar la inspiración, es más bien un proceso similar a la cacería. Estoy en busca de algún dolor, una carencia, una falencia o algún recuerdo: esos que reviven pasiones y desatan los odios. Estoy en búsqueda de la creación como una realidad latente que de manera disonante se ha mantenido silenciosa bajo mis cabellos. Inspirarse no sólo en la pena o la desesperación, sino hacerlo de la ira que se pudre junto con los sueños es simplemente una sensación tan exquisita como el degustar un Latakia sirio, o algo de Negro con whisky.
Howen

En Siria no habría  espacio para el error. Quizás estar aquí ya sea un error, pero ya lo cometí. Nuevamente viajando para dejar atrás no solo los recuerdos de un pasado que se necesita olvidar sino que viajar para buscar ese presente que se manifiesta como un regalo. La vida hecha canción sintonizada como una radio eterna de bombardeos y balaceras de AK-47.
¿Qué vas a hacer cuando ya esté lejos del puerto y la ciudad? Yo ya no sé si vengo o voy. Sigo pensando en escapar. Cuando te alejas de todo puedo mirarte así...  Cuando te alejas de todo puedo reírme así. 
Reirme así.
Piña. Tan sólo me quedó una piña.

Apertura

La insistente aparición de un nombre derivó en la creación de un personaje. Finalmente Basilius Mork ya no era más la ilusión de un pasillo en que se acomodaron las letras de manera dadaísta. Estaba frente al elemento que genera vida antes que cualquier soplo vital; como pensamiento, como sueño, como alegoría de la realidad, él se presentaba a mi como un ser de carne y huesos. Hombre de larga barba y que lo seguía un aroma a nueces. Desde lejos logré reconocer su silueta como si los años hubieran hecho de su estampa una realidad perenne. Sin dejar de mirar mis zapatos se me acercó para preguntar mi situación. ¿Qué habría hecho un ego imaginario frente al poder de un Mork?
- ¿Qué haces con esa piña aún en tus manos?- preguntó Basilius.
- Guardar celosamente los recuerdos. Entretener la memoria con una época mejor- contesté.
- Sé muchas cosas de ti. Se más de lo que tú sabes- Continuó.
- Sólo me gustaría saber cómo despertar- Concluí.
De golpe amanecí sudado y perdido. En un lugar de esos que preferiría mantener al margen de una pesadilla que se repite cada vez que logro sentenciar un deseo.

Un espresso doble, sin azúcar.
No hay nada mejor que eso en este invierno tan ameno.