Los espacios reducidos acompañan los malos momentos. Es una dualidad casi lógica y consecuente. El error es casi un acto de egoísmo puro, en donde la introversión positiva de un asunto acaba por contrarrestar el deseo de expansión material o ambiental. En palabras más simples, es una búsqueda eterna del YO como responsable de aquella falta de criterio. Si de cierta manera pudiéramos canalizar toda esa energía en una especie de ubicación geográfica, el hombre que ha caído en su contraversión se sitúa en en centro de una habitación con mucha luz pero de reducidas dimensiones. Salir de allí no es el problema cuando se debe entender lo que precisamente nos hace el estar en aquel lugar. El problema no es otro que el sentir la desnudez frente a una luz que quema. Estar desnudos en el interior del útero. Volver a nacer comiendo tierra. Sufriendo la tierra en los ojos, que te impide soñar y que no nos deja parpadear.

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