Albert.

Tres años en aquella habitación nauseabunda y rodeado de sus apuntes y notas le impedían cuestionar la vida real. Se las había ingeniado para mantener un abastecimiento semanal por parte de un grupo de niños adictos que a cambio de un par de billetes le llevaban sopas instantáneas que robaban del supermercado. Entre sueños, caprichos y lecturas de mundos futuros poco tiempo le iba quedando para dormir una noche completa. El día pasaba como un resumen del anterior, en que cada movimiento parecía sacado de un guión previamente audicionado por sus cinco alarmas de incendio que alertaban cada cigarrillo que encendía. Es correcto precisar que no fumaba, simplemente realizaba el ejercicio como una repetición de lo que veía en televisión. Dejaba consumir cada cigarrillo entre sus dedos, consumido, por cierto, por los programas de ciencia a ficción de un canal de cable que era captado a duras penas por su antena. Tras recibir una encomienda por equivocación a su puerta el 29 de Octubre a manos de un hombre delgado y con aspecto de alcohólico, Albert Handman abandonó su morada en busca del verdadero destinatario del paquete cuyo sello postal indicaba a Polonia por procedencia. Un par de garabatos bajo un sello vulnerado representaban un desafío aun para un especialista en peritajes caligráficos, pero Albert limitó sus opciones a los residentes del edificio que habitaba y recordó de inmediato a su antiguo médico, un extraño Psiquiatra era un inmigrante polaco. En una pequeña y sobria placa junto al timbre el "Dr.Harold Sirakov" hacía honor a su título en su departamento número 208; poco se sabía de él más que su procedencia europea, que se hacía evidente al escucharlo hablar. Sirakov era un hombre de trato rígido y con voz grave, solía vestir camisas oscuras que hacían el perfecto contraste con su pálido rostro. Ojos severos, como si hubiesen visto de todo durante su vida, un rostro sólido que se formaba entre pequeñas pero firmes arrugas gestuales. De gran tamaño y cuerpo robusto, el polaco salía muy poco de su consulta y en general era una persona bastante reservada. La figura tras Sirakov era un mito formado por la cantidad de rumores que circulaba sobre sí. Handman conocía algo más al psiquiatra, dado que éste había tratado durante varios meses su insomnio, pero sin lograr dar con un tratamiento adecuado. Durante el periodo que lo asistió, se vio enfrentado a la actitud restrictiva de Handman, que se negaba a considerar válida cualquier intervención de "cuerpos extraños", como solía definir inyecciones y fármacos, por lo que ya en el última etapa solo se ciñó a señalar los riesgos que acarrea el hecho de dejar pasar días completos en vela, y le sugirió a Albert comenzar un régimen de comidas livianas. Handman estimó que aquello corrompía varios aspectos de su libertad, por lo que concluyó sus visitas semanales a solo una mensual que al cabo de un tiempo significaría el alejamiento total de cualquier ojo externo a la realización de su vida.
Albert golpeó la puerta del psiquiatra en una suerte de clave, de tal forma que Sirakov supiera de qué se trataba todo el asunto.

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