El anonimato como símbolo del interés. Como ejemplo de la timidez. Como ejercicio de la sensatez.
Me desharé en eufemismos para indicar la paciencia con la que aguardo. Si bien era consciente, siempre me mostré presto al fracaso de mi empresa. Estuve meses aguardando un momento de claridad, quizás el tiempo más importante de mi vida y que acompañé al cuestionamiento mediante una profunda reflexión que carecía de riendas. Faltaba el fulminante, como siempre, no pude sino aguardar una colosal marca de simbolismo. Un ejemplo a la historia. Historia que somete. Anónimos que se deshacen en espera. Pero que se entregan como mártires de lo reflexivo.
El anónimo como carente de valentía. Como motor de la rebeldía. Como espectador de la entropía.
Me deshago de los elogios. Esto es creación de todos. No tiene apellido.
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