Apertura

La insistente aparición de un nombre derivó en la creación de un personaje. Finalmente Basilius Mork ya no era más la ilusión de un pasillo en que se acomodaron las letras de manera dadaísta. Estaba frente al elemento que genera vida antes que cualquier soplo vital; como pensamiento, como sueño, como alegoría de la realidad, él se presentaba a mi como un ser de carne y huesos. Hombre de larga barba y que lo seguía un aroma a nueces. Desde lejos logré reconocer su silueta como si los años hubieran hecho de su estampa una realidad perenne. Sin dejar de mirar mis zapatos se me acercó para preguntar mi situación. ¿Qué habría hecho un ego imaginario frente al poder de un Mork?
- ¿Qué haces con esa piña aún en tus manos?- preguntó Basilius.
- Guardar celosamente los recuerdos. Entretener la memoria con una época mejor- contesté.
- Sé muchas cosas de ti. Se más de lo que tú sabes- Continuó.
- Sólo me gustaría saber cómo despertar- Concluí.
De golpe amanecí sudado y perdido. En un lugar de esos que preferiría mantener al margen de una pesadilla que se repite cada vez que logro sentenciar un deseo.

1 comentarios:

Johnnie Torres dijo...

Mañana decidiré qué hacer. Pensaba escribirlo, pensaba decirlo, pensaba que podía resolverlo.
No, no puedo hacer lo que potencialmente está en mis manos. Soy más complicado de lo que recordaba. Mañana estaré todo el día afuera, andando en bicicleta. Subiré al cerro tres veces si es necesario, y por Pedro de Valdivia, porque esa subida me caga mucho más que Pio Nono.

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