Arroz      

             A veces las historias no tienen un comienzo y uno espera que de la misma forma no tengan un final. Nuestro ciclo, que se repite en la mayoría de los procesos, es también parte de este vaivén intermitente que compone una serie de sucesos que se contemplan mejor a la distancia. Generalmente, es complicado reducir los hechos a una enumeración tautológica que logre concentrar el total de lo que se desea decir. Incluso asumir la practica de una secuencia en la que se pueda mencionar el momento justo, el instante de quiebre, el hecho que marcó el resto de la historia se vuelve fútil. Es cierto, quizás hasta hace un tiempo me hubiese atrevido a realizar dicho ejercicio; una empresa que ahora me parece fastidiosa y sin un mérito aparente. Tiempo atrás, hubiese sido capaz de cuestionar cada suceso como una enmarañada puesta en escena que siempre debe regirse por la lógica del orden introductorio, expositivo y finalmente conclusivo. Encontrar esa razón única siempre fue mi meta, mi misión, el deber hacer y en ello se mantenía todo anhelo descriptivo. Quizás hoy no considero este procedimiento como válido ni pertinente. Últimamente no es justo negar, ni menos callar. Implícitamente sé que soy responsable de las mayores dualidades y quizás las más claras inconsecuencias, pero me siento tan consciente que nada es más fuerte que el tener los ojos abiertos, tener el espíritu claro y pensar sin limitaciones. Es el pensar mucho las cosas lo que me trajo hasta aquí, pero ya no puede ser sino un recuerdo o una experiencia. Recuerdo que se sustenta en el agotamiento de las posibilidades, eliminadas una a una; pero de las que no me siento capaz de escribir pues no quiero coartar ninguna opción, siento que somos capaces de hacer y de pensar, de actuar y de fingir a tal punto que lo escrito no será sino el mayor de los impedimentos para su desarrollo. Osaré actuar de forma presuntuosa al señalar que mis valores que están por sobre lo superficial, pero es claro que no me refiero a algo muy simple de comprender. Vuelvo a "creer" luego de una vida completa de "pensar", y vuelvo a pensar todo lo que no estuve dispuesto a creer. Estoy dispuesto y quizás actuando mal, pero poco importa. Realmente no importa, dado que no existen roles ni papeles que asumir, pues somos libres de improvisar, de caminar, de bailar y reír. Faltarán horas a los días, pues nos estamos dando cuenta que el tiempo siempre ha estado. Estamos conscientes. Libres. Infatigables. Zigzagueantes.

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