...y es que hablando de mentiras suelo estar mintiendo al decir que "leí algo por ahí", pues la mayor parte del tiempo son simples conclusiones que obtengo mediante acabados y extensos razonamientos nocturnos. No me gusta mentir, pero el decir todo el tiempo que lo que estoy diciendo es lo que pienso es como enfrentarse a la vida completamente desarmado. Está además el hecho de no querer parecer un arrogante e insípido humano que reduce todo el universo a una ecuación de relaciones sinápticas. No soy tan minimalista, me gusta más bien parecer universal, o bien Humanista. Sin embargo, soy de esos personajes mediocres que dejan todo a la mitad para parecer que tienen mucho. No soy para nada un universalista como podría alabar mi amigo M.a.M.. Soy una especie de fantasía que ha sabido contemplarse a sí mismo como un ser de convicciones y eso ha generado cierta devoción entre mi círculo más cercano. Me admiran por lo que soy, y a ratos, estoy completamente arrepentido de eso. Sin embargo, el estar ahora escribiendo sobre esas mentiras de alguna manera me alivia y condensa la sensación de escalofrío que me recorre por estas fechas. Y no hablo del fin del año, ni menos de alguna emotiva celebración popular. Hablo del presente como una etapa en que me enfrento a diario con mis temores. Lo he conversado contigo "Estimada", sabes a lo que me refiero, hablo de estar quizás cometiendo el mismo error, por vigésima vez. El romper todo, el quemar lo que iba quedando tal vez no fue suficiente ni necesario, pues en mi habita el peor -o mejor- de los recuerdos, y eso me atormenta desde que me levanto hasta que sueño con ratas. No quiero ser una persona de mal, no quiero dañar, pero me comprometo sin razones aparentes, me envuelvo como si de eso se tratara todo. No sé que puede ser peor, el reconocer que eres un imbécil, o simplemente dejar que las equivocaciones te sigan como una sombra cada instante de tu existencia. ¿Por qué caer de nuevo? ¿acaso no fue suficiente el perderlo todo? Me confunde el sentido de la vida, me confunde la vida. Esa vida que cada ciertos momentos se me escapa de las manos como un amor suicida. Que se desarma como un zombie de una mala película de los ochenta.
Hablando de mentiras... Tengo un par más por contar.

La biblioteca de Babel representa en sí una exploración por el sentido ontológico de la vida y con ello el posicionamiento del pensamiento en forma de materia. Cada uno de los libros se sustentan en su propia idea de la creación; cada libro es a su vez su creador. El factor clave para comprender la sustentabilidad de dicha empresa no queda sino al arbitrio de la razón comprendida como un todo imaginable. El todo se afirma en la única potencialidad de la dimensión mental, que no posee ningún límite en cuanto a que es inagotable el ser de ser. Una mente que además está dicha en acción como el ser mismo está puesto al deseo, a la traición, al hambre y a las necesidades biológicas. La afirmación del ser consciente es la creación de su propia entidad ontológica, no desde el punto de vista del conocimiento de sí mismo, sino como la postura de que este ser es, en el momento que se pregunta de su ser. El ser aparece en cada uno de los estantes acaparado como el objeto en que se han materializado; para Borges entonces, es cada ser un libro, y cada hombre se pregunta por aquel. No existen infinitas respuestas, sino un número identificable que roza próxima a la eternidad. El hecho mismo que el sostén del ideal de conciencia –universal, o bien deducida anteriormente como un Ser consciente-, para Borges sea un lugar físico completamente reducible a una definición, no es más que el juego de la ilusión que se manifiesta en la representación del espejo al final del laberinto. El final de la vida se mira con una devoción erguida en la fe y es “lo remoto” como indeterminado lo que conduce al espejismo de infinitez. La búsqueda del catálogo de catálogos parece una misión primordial. Para el encuentro entre una certera aproximación y el ente que busca esa prueba de su existencia, no basta con el revisar cada uno de los tomos que se conservan en esta cuestionablemente limitada biblioteca. Podrán existir entre los rezagos de un perdido volumen la única respuesta necesaria para afirmar que todo el universo está compuesto de pequeños en incesantes universos que se construyen en razón de su destrucción, que cada uno de los entes que suponen la realidad no son más que mentalizaciones y definiciones que cada bibliotecario ha adquirido con el tiempo. Que el tiempo es por cierto uno, que nunca avanza porque a cada instante se contiene en sí mismo y se vuelve a generar. El ciclo de creación y mortificación de cualquier pensamiento, funciona de igual forma. Las ideas y sus equivalentes materiales se gestan en una dimensión a la cual desconocemos rumbo, o incluso su propia realidad (…)
18
Yo estaba hecho para confiar.
La gente no nació para confiar.
La gente fue hecha para llenarse.
Para llenarse y retirar su ser de ahí.
Como langostas.
Veinte.

Estaba experimentando al escribir una especie de ensayo con una clara influencia en Rayuela. Lo dejé de lado en el momento que noté la fecha. Vaya, cómo pasa el tiempo.
Y yo sigo dándole importancia a las cosas que no le importan a nadie.

Mañana con ustedes: un sueño con poesía y absurdo.
Hoy simplemente me iré a dormir.

Sutura.

Los planes se escapan. Los viajes son eternos, y volver a verte a veces se vuelve una odisea de sangre y furia. No nos sentimos preparados para rompernos los dientes ni menos a sentir como nuestra carne cae al piso rebanada de manera fugaz. Rompemos todo nuestro entorno en trozos de piel humectada en rojo y el azar nos sonríe irónicamente mientras dejamos escapar el día en un hospital. Me vi la suerte entre premuertos; zombies como yo. A uno lo había atropellado un camión mientras gritaba auxilio en su bicicleta. El otro escupía sangre al haber dejado de lado sus tratamiento para superar dignamente el SIDA. El otro me contaba entre risas que su estado era un "simple" corte de 30cm en su antebrazo izquierdo mientras manipulaba una pulidora. Yo estaba parado como un tonto, con un trozo de labio como péndulo entre mi boca, que agónicamente sobrevivía entre los coágulos y el dolor. La sangre se secaba de a poco en mis dientes hundidos y mi orgullo había quedado botado en aquella esquina del accidente. Me sentía como en un purgatorio a la espera de una condena. Me sentía condenado de estar allí; condenado de no haber hecho un pacto, condenado de no haber vuelto a ver tus ojos, condenado de no haber dicho esa última verdad, condenado de ser un mal ejemplo, condenado de ser un pésimo amigo, de tener un mal carácter, de fumar más de la cuenta, de golpear aquel compañero de curso, de haber mentido esa vez, de haber sufrido tanto la pérdida... Me sentía condenado de estar en ese lugar por la condena que implícita se comía a los premuertos. Un médico rondaba sin mayor interés. "Aquí sólo podemos confiar en el Señor" dijo una mujer cristiana que sostenía el brazo de su padre, quien a duras penas se mantenía vivo. Yo no soy cristiano, pero recuerdo que en el momento del golpe pensé en tener algo más allá: tener esa fe que mantiene la cordura y pasividad, una certeza de estar siendo el plan divino de un ser superior y no el juego de la mala suerte. Saber que si caes habrá algo que te sostenga. Yo no tenía nada. Sólo rondaba en culpa y cuestionaba mis cálculos. Sí hubiese salido cinco segundos más tarde, si hubiese cruzado ese semáforo en verde, si tan solo la bicicleta se hubiese pinchado o desinflado. Cada implicancia era una sumatoria al destino, a la suerte, al final. Tenía miedo en el momento de sentir que no saldría igual que como entré; de cierta forma es algo similar al arriendo de un objeto en que sabes que debes pagar cada detalle que el objeto tenía antes del contrato. Los cristianos ven en sus cuerpos el pecado, somos hijos de ese pecado original en el que nuestra participación estuvo vetada pero nuestra culpabilidad está impresa, a ellos no les preocupa el "paso" por esta materialidad, ellos buscan la trascendencia del alma. Mi alma está intacta, mi cuerpo es el dañado. Saldaré mi cuenta de tal forma, que parezca que no fue tan suave mi error. Choqué de frente contra ese imbécil que salió entre dos automóviles y lo único que pienso es que quiero salir de este lugar triste. Que quiero volver atrás al momento en que decidí tomar esa curva en el semáforo. Quizás antes, cuando estaba comprando un jugo en el supermercado y no presté atención a los demás. O antes, al momento en que inscribí la bicicleta al llegar a la universidad. Me gustaría volver un segundo antes al día en que me levanté pensando que sería buen plan estudiar Derecho. Volver al momento en que soñé que estaba haciendo bien las cosas. Volver a un diez de Agosto. Volver a todo momento; me gustaría volver a vivir toda mi vida con el placer de la conciencia presente. Con la complicidad del futuro. Con el gusto de la predicción. Tengo que empezar de nuevo lamentablemente, aunque de cierta forma me alivia saber que en mis pensamientos incluso, se gesta de manera imposible la realización de un pasado. Estoy viviendo el ahora, en que mi boca está destrozada y cuelga un trozo de mi labio empapado en sangre. Por fortuna mis dientes sólo están resentidosy la sensación de hundimiento fue sólo eso, una sensación. Me preguntaron si iba dejar de usar la bicicleta tras esto. Supongo que ellos tampoco entienden cómo funciona este mundo y la puta vida. Tuve un accidente nada más, tuve un puto accidente en la bicicleta nada más.
Los espacios reducidos acompañan los malos momentos. Es una dualidad casi lógica y consecuente. El error es casi un acto de egoísmo puro, en donde la introversión positiva de un asunto acaba por contrarrestar el deseo de expansión material o ambiental. En palabras más simples, es una búsqueda eterna del YO como responsable de aquella falta de criterio. Si de cierta manera pudiéramos canalizar toda esa energía en una especie de ubicación geográfica, el hombre que ha caído en su contraversión se sitúa en en centro de una habitación con mucha luz pero de reducidas dimensiones. Salir de allí no es el problema cuando se debe entender lo que precisamente nos hace el estar en aquel lugar. El problema no es otro que el sentir la desnudez frente a una luz que quema. Estar desnudos en el interior del útero. Volver a nacer comiendo tierra. Sufriendo la tierra en los ojos, que te impide soñar y que no nos deja parpadear.
¿Dejarse llevar o mantenerse al margen? Siempre me ha parecido difícil encontrar esa línea que separa la cordura del amor propio. O el deseo, de la honestidad.
Quizás no estoy hecho para ser de una sola línea.
Nicotiana Inspiradora

Basilius suele fumar en pipa para hacer fluir sus ideas. Según él, las ideas llegan cuando se encuentra más relajado. Yo en cambio, que pienso en la presión como gestor de esa imaginación, o bien que sobre la marcha de una entropía es en el momento que mejores rasgos de creatividad surgen de mis pensamientos. Hace meses atrás cuando Mork y yo nos conocimos tuvimos una breve conversación sobre estos procesos y de cómo los llevábamos a cabo; a veces pienso lo fácil que debe ser tener una razón propia para manifestar esa creatividad. Lo cómodo de sentarse a escribir sólo con una pipa y un tanto de tabaco negro. Por mi parte debo buscar ese caos que anuncia una tormenta. No me puedo quedar a esperar la inspiración, es más bien un proceso similar a la cacería. Estoy en busca de algún dolor, una carencia, una falencia o algún recuerdo: esos que reviven pasiones y desatan los odios. Estoy en búsqueda de la creación como una realidad latente que de manera disonante se ha mantenido silenciosa bajo mis cabellos. Inspirarse no sólo en la pena o la desesperación, sino hacerlo de la ira que se pudre junto con los sueños es simplemente una sensación tan exquisita como el degustar un Latakia sirio, o algo de Negro con whisky.
Howen

En Siria no habría  espacio para el error. Quizás estar aquí ya sea un error, pero ya lo cometí. Nuevamente viajando para dejar atrás no solo los recuerdos de un pasado que se necesita olvidar sino que viajar para buscar ese presente que se manifiesta como un regalo. La vida hecha canción sintonizada como una radio eterna de bombardeos y balaceras de AK-47.
¿Qué vas a hacer cuando ya esté lejos del puerto y la ciudad? Yo ya no sé si vengo o voy. Sigo pensando en escapar. Cuando te alejas de todo puedo mirarte así...  Cuando te alejas de todo puedo reírme así. 
Reirme así.
Piña. Tan sólo me quedó una piña.

Apertura

La insistente aparición de un nombre derivó en la creación de un personaje. Finalmente Basilius Mork ya no era más la ilusión de un pasillo en que se acomodaron las letras de manera dadaísta. Estaba frente al elemento que genera vida antes que cualquier soplo vital; como pensamiento, como sueño, como alegoría de la realidad, él se presentaba a mi como un ser de carne y huesos. Hombre de larga barba y que lo seguía un aroma a nueces. Desde lejos logré reconocer su silueta como si los años hubieran hecho de su estampa una realidad perenne. Sin dejar de mirar mis zapatos se me acercó para preguntar mi situación. ¿Qué habría hecho un ego imaginario frente al poder de un Mork?
- ¿Qué haces con esa piña aún en tus manos?- preguntó Basilius.
- Guardar celosamente los recuerdos. Entretener la memoria con una época mejor- contesté.
- Sé muchas cosas de ti. Se más de lo que tú sabes- Continuó.
- Sólo me gustaría saber cómo despertar- Concluí.
De golpe amanecí sudado y perdido. En un lugar de esos que preferiría mantener al margen de una pesadilla que se repite cada vez que logro sentenciar un deseo.

Un espresso doble, sin azúcar.
No hay nada mejor que eso en este invierno tan ameno.
Ya estoy aclimatado.
Me asignaron un nombre.
Me incluyeron en su grupo de influencias.
Me hicieron sentir uno más.
Los humanos ya me reconocen como uno de ellos.
Nadie lo sospecha...
Todo marcha según mis planes.
Veintidós de junio.

Él es de una especie irreverente, que detesta la solidaridad. Le gusta estremecerse en esa ciencia, de darse todo, en contra de los demás. Carga un gesto promedio, entre rudo y cordial, simula ser hombre de mundo, para humillar de local. Se hamaca, esquiva el centro, pendula por la extremidad, y, en cuanto se queda quieto, se empieza a incomodar. Cualquier indicio de brillo, él cree que es superstición, con tal de no conectarse esquiva cualquier emoción. Y no está solo, no está solo, no está solito. Buscando una ropa, una capa, una armadura celestial, o algo que lo recubra, lo distinga de los demás. Siempre y cuando lo esconda de la mirada fatal: ¡No vaya a ser cosa que sepan que te puede llegar a engañar! Camina entre cardos y espinas, en hielo, o hirviente carbón y duerme en cama de clavos, disfruta de cualquier dolor. Piquetes de ojo, rencores de toda la sociedad; sospecha que todo conspira en contra de su vanidad. Y no está solo, no está solo, no está solito. Tiene muchos... tiene muchos amiguitos. Trata de mimetizarse con gente de otro color, se acerca a hormigas obreras para probar su cañón. Cuando se arrima a ellos, humilde, como para ayudar, los mira como desde lejos, como si fueran de otro lugar. ¿De qué vale su intransigencia? ¿de qué le vale pelear contra las injusticias del mundo? ¿contra toda la inseguridad?. ¿De qué le valen sus armas? ¿la sugestión de su voz? si todos sabemos que esconden un pobre y débil corazón. Tiene muchos... tiene muchos soldaditos. Por eso detesta el arte, delata otra realidad; el caos, el dolor inmundo, que trae ilegalidad. El corazón en la mano, o la lengua en la piel, o una conciencia transparente, que lo haga quererse querer. Si al fin pudiera enjuiciarlo, lo haría con severidad, que se cargue encima, para siempre, como yo, su pena capital. Pero, un día, un viejo sabio lo vio escondido en mi sombra y, aunque no tiene perdón, si lo mato a él, me muero yo, 
si lo mato a él, me muero yo, 
si lo mato a él, me muero yo...
Y no estoy solo, no estoy solo, no estoy solito. Tengo muchos... tengo muchos amiguitos.
Algo contrariado.
Simplemente eso se suma a lo perdido. 
¡Sonríe!
¡Ahora!
Inocencia & Madurez

Era un camino pedregoso, no había forma de transitar sin tropezar. Nadie había decidido que fueran ese camino, pero ahí estaban. Él siempre señaló que cuando tomaba una decisión, la seguía hasta el final, sea cual sea el resultado; incluso veía en eso un dejo de masoquismo por el cual se auto-torturaba por haber hecho una mala elección, Él nunca dejaba una empresa a medias por mucho que ésta estuviera rompiéndole los pies. La decisión de ir descalzos fue de Ella, y tenía varios motivos; Siempre analizaba todas las situaciones hasta dejarlas completamente resueltas, y hace un par de días había concluido que el ir descalzo le brindaba mayores posibilidades frente a la adversidad, pensaba que tanto la nieve como el barro o la tierra podrían ser superadas de mejor forma sin zapatos; el calzado es un obstáculo y priva de los caminos que puedas tomar, decía; los pies fueron diseñados para sortear todo, con el calzado te limitas a una superficie específica. Evidentemente nunca había pensado en un viaje rocoso. Él no se quejaba y en silencio contemplaba la belleza del paisaje contrastada con el inepto andar de Ella. Ella era hermosa pero muy poco cuidada, solía dejar que el tiempo hiciera lo suyo y sólo se preocupaba de tener algo por lo que sonreír. Gustaba de mirar a los demás hasta que estos fijaran la vista en sí y luego desviaba la mirada sabiendo que la observarían por un buen momento. Era un juego, algo por lo cual sonreír. Él en cambio, cuidaba de su aspecto, era lo fundamental decía, siempre sobrio y distinguido solía evitar bromas, no siendo por esto un desagradable; era su forma de ser y se contentaba con ser así; en secreto admiraba de Ella su actitud indeterminada, Él nunca sería de esos... Él estaba para ordenar. 
El camino volvía a concentrar su atención cuando Ella le dijo: Cuida de tu cabeza- señalando grandes ramas de un viejo pino que caían como esperando abrazar a alguien. Él sin duda necesitaba su cabeza. Cedió una sonrisa fría a modo de agradecimiento. Habían pasado horas pero el tiempo se veía inatendido ante la marcha casi uniforme de los dos. Era una extraña época del año en que se concentran tanto la humedad como el calor, era un clima agradable que parecía ayudar a una mayor rapidez en el andar, si bien no iban al mismo ritmo pues cada tres pasos Él debía aguardarla uno a Ella, la coordinación que sólo pueden crear los años hacían de este detalle algo casi imperceptible. 
El camino comenzaba a endurecerse y Ella sin darse cuenta perdía parte de sus sonrisas. Él sin detenerse y con mayor confianza abrigó sus pies, se vistió y comenzó a hablar en un idioma extraño. No decía mucho ni importaba lo que decía... pero era triste oírlo hablar. Su paso comenzaba a tornarse un tanto más rápido y cada ciertos momentos Ella debía correr para alcanzarlo. El viaje tomó finalmente ribetes de carrera pero Ella no quería competir, sabía su valor y entendía la importancia de Él, pero nunca lo decía. Él decidió arremeter con un paso más firme. El suelo ya no era pedregoso, denotaba solidez. Era una especie de concreto casi inamovible, el cual Él sorteaba sin mayores preámbulos con su calzado. El clima dejaba de traspasar humedad para secarse sin más, no dejaba de ser agradable y las flores comenzaban a mostrar su belleza y colores. Ella a ratos se detenía a aprovechar la vista, a mirar el paisaje, a oír el viento. Era una de las mejores épocas y no entendía como Él no lograba detenerse a acompañarla. Él por su parte estaba preocupado de las razones, quería saber como ocurrían las cosas, cegado por el horizonte y las siluetas que lo descubrían. Él necesitaba llegar ahí; Él cumplía objetivos. Decidió disfrazar a Ella. Le puso ropas y calzado que no eran de su talla -no importará- pensó. Le cortó un par de flores y la invitó a seguir caminando y que bajo esa condición le entregaría las flores. Ella aceptó, y es que no se podía negar. Notaba algo extraño en la ropa, pero decidió no opinar por temor. Él ya era mucho más fuerte y cualquier queja sería inútil. Trataron de avanzar a la misma velocidad pero a ratos Él se olvidaba de Ella, y era en serio, suponía ir solo, creyendo que solo podría lograrlo. Ella en silencio caminaba tras sus pasos. Llegaron al lugar que dibujaban las siluetas y era un espectáculo de colores y formas, algo nunca antes visto por ambos. Ella se sorprendía de todo, y trataba de tocarlo todo; Él la detenía y le impedía acercarse a las nuevas formas que estaban descubriendo. Decidieron por fin hacerlo juntos, aunque Ella se vió en todo momento opacada. El frío que comenzaba a caer muy gradualmente hacía entender que la marcha debía continuar. A paso desigual pero constante partían. Atrás iban quedando las grandiosas montañas y ya solo se divisaban pequeñas colinas. Poco a poco el aspecto de todo se tornaba en matices ocre y la temperatura continuaba disminuyendo. Ya no se veía más que un paisaje casi similar a un llano. El silencio reinante hacía entender que no tenían nada que decirse. Se conocían hace bastante y sus cambios habían viajado con ellos. El paso se hacia cada vez más lento y volvían a encontrarse a un ritmo homogéneo. Ella decidió quitarse sus ropas y su calzado, nunca había entendido el porqué de ellos... Él agachó la cabeza dando a entender su error. A medida que caminaban el piso sugería un nuevo cambio, de a poco comenzaba a ser reconfortante dar cada nuevo paso, Ella convido a Él a despojarse del calzado; en primera instancia se negó... pero en un momento de descuido de Ella, caminó nuevamente descalzo. El blando camino era rodeado por pequeños arbusto y árboles pequeños, plagados ambos de hojas seca que caían ante el mínimo soplido.
Tenían claro que se acercaba el final y decidieron caminar de la mano, para así ajustar sus pasos a los del otro. El sol estaba por ponerse y el frío dejaba de ser importante. Las hojas caían sin tregua y hacían su propio camino amarillento a un costado de la blanda acera. La vista era bella sin lugar a dudas. Ella seguía siendo hermosa y continuaba sonriendo de vez en cuando. Él mostraba su seriedad y apretaba fuerte la mano de Ella, sabía que no debía dejarla escapar, temía que a esta altura del recorrido quedara solo.
El camino concluía y la blandura hacía que los pasos fueran imperceptibles. Ella cerró los y bajó la cabeza, con una ligera sonrisa decidió abrazarlo; Él atendió el abrazo y cerró los ojos. Se quedaron así por unos segundos y se dieron cuenta de que era el final. La Eternidad los esperaba a ambos, pero esta vez irían por caminos distintos, no esperaban encontrarse, sabían que esto acababa aquí. Ella tomó una hoja y después de mirarlo echo a correr con una sonrisa bellísima, Él intentó sonreír, pero sólo atinó a tomar sus zapatos y comenzar a caminar.
Volviendo a la vida con un poco de sonrisas.
Gracias a los que lo intentan.
Gracias a los que aparecieron y lo quieren intentar.
¿Por qué Atila? ¿Por qué mi Atila? ¿Por qué?
Te extraño tanto.

Hace tiempo que no sentía este dolor y angustia. 
Tengo más pena que nunca.
Lo peor de todo es que no puedo hacer nada. 
Me dejaste solo estúpido Ati. No sé si esta te la pueda perdonar.

Por la mierda, no entiendo
De verdad no lo entiendo.
No puedes estar muerto.
Si ayer estábamos jugando. 

Siento que cada vez que pude tomarte, cada vez que pude hacerte cariño.. fue una oportunidad que perdí para tenerte ahora.
Soy egoísta, lo sé. Pero no me podías dejar solo.
Te extraño tanto...



...Aquí mis sueños siguen esperando, la música de aquí se llama tango.
Tango es la emoción de regresar al punto cardinal, tango es un beso en un andén, en la oficina, el café y tiene tango la moquette de una mansión, así como compartir la tos en un bulín de dos por dos...
Las noches se han vuelto el mejor momento para recibir las ideas. Suelo hacer el ejercicio de esperarlas sentado frente a una imagen que llame mi atención. Una fotografía, por lo general. A veces es un espejo, por lo que trato de quedarme lo suficientemente quieto para crear la ilusión del retrato. 
Cuando plantee mi propuesta filosófica del escupo, y lo hice en los círculos de sapientes teóricos, me dijeron: ¿Y si el tipo, al doblar luego de recibir el escupo en su auto, se topó con un joven que limpia los parabrisas en el semáforo?
Cagó mi teoría.


Por otro lado está la historia de los mil ojos, como he llamado yo, pero eso es harina de otro costal. Ya llegará el momento de relatarla completa. Aún es muy temprano. Los ojos no paran de brillar. Debe ser porque usó una artimaña. De cualquier forma, es ganadora.
Te quedan un par de meses de vida.

Vaya. 
Eso nadie se lo esperaba. 
Menos yo.
¿Qué deriva de un acto de violencia? y hablo de un acto que determinantemente sea dirigido a causar un justo daño -por justo no me refiero a los aspectos de justicia propiamente tal, sino al que el hecho tiene sólo una orientación, el dañar- al bien de otro individuo. Bien la pregunta es clara, el contexto no lo es, y de cierta forma entrar en mucho detalle puede desorientar la idea fundamental, haré una reseña a modo de historia minimalista.

En las calles suelen verse enfrentadas las dos fuerzas de movilidad; la Fordiana y la respectiva Draisiana[1]. Ambas fuerzas buscan su espacio interviniendo cada cierto tiempo en el espacio de la otra. Sin ser negativa o positiva, se debe ver esta realidad como el yinyang simplemente. En días en que se satura la movilidad, todos actúan de manera ofensiva, todos buscan imponer su deseo por entrar en el espacio del otro. Así es como choques de poder acontecen por toda la capital. Malos ciudadanos atochan a los no tan malos y estos en represalia atacan de manera vulgar. Un automóvil queda en el cruce exacto de los ciclistas, este último además, con la señal de tránsito a su favor. El avance de ambos al mismo tiempo implica el colapso. ¿Qué ocurre cuando la imprudencia supera el límite del respeto? pues el ciclista escupe al automóvil y le recuerda la fragilidad del parto al conductor. Este conductor queda contrariado en principio y luego notoriamente demuestra su enfado. 
¿Quién es el responsable? pues esa respuesta no importa tanto. 
¿Quién era aquel ciclista? pues claro, ese ciclista era yo.

A modo antiguo -por el hecho de caminar y discutir- es que acompañando a un amigo, planteé mi anécdota con la mayor de las inocencias. Me parecía y me parece desde el punto de vista juvenil, un acto de completa estupidez y de lo más asqueroso. Escupir es la palabra clave y primeramente mi compañero y yo lo llevamos a la risa, pero con el paso de los minutos e influenciados por la doctrina del alma es que aquel acto iba pareciendo cada vez más una muestra de la protesta consciente ante la iracunda prepotencia que un simple acto de jovial vitalidad.
Hay que comenzar por el hecho mismo de encontrar la dualidad vivida en la situación señalada; dos ciudadanos se encuentran en una dicotomía, no por el hecho de ser ya dos partes distintas, sino por la acción de ser uno, un representado de la ley que se ve vulnerado en su derecho y el otro un transgresor que recibe un castigo mediato y de dudosa calidad jurídica. No existe un debido proceso, ni menos una imputación de cargos. Uno de los personajes, el ciclista, actúa a modo de arbitro y verdugo y juzga tan rápido como flemas se juntan en su garganta una fría tarde de otoño. El escupo es entonces un símbolo del castigo; es precisamente el castigo. Si vemos el automóvil como la extensión de su conductor, entonces el golpe atestado por esta masa de flemas es justamente en la superficie del individuo, en la cara visible. Ya bien comenzando un quisquilloso análisis logramos dilucidar varias aristas que venían al caso. Una es la idea de ver este castigo como una muestra del mal actuar. El conductor se ve ejecutado en público, frente a su máquina por un acto que, más tarde por él mismo, podrá ser recordado como un mal conducir. Escupir es la aptitud[2] primigenia del ser humano. Somos gestados en el plano de un escupo divino, y es prácticamente la única función que como animales cumplimos a cabalidad. Ahora bien, este escupo cumplió con la finalidad de enseñar y en ese plano, este escupo divino es creador de un tercero vital que se genera, no el plano físico, sino en el mental. Así se sigue: el problema, se cuestiona la autoridad del semáforo, se rompe el pacto social, yo como ciclista intento mantener todo en los parámetros de la legalidad, el mal ciudadano no se satisface de mantener una corruptible actitud, se llega al extremo de cuestionar su actuar mediante un agravio tan real como el movimiento en falso de su cuestionable actitud. En dos planos mentales se gesta el tercero que corresponde al potencial, ocurrido en la mente del conductor. Entonces este escupo, ferviente de mucosidad llega a la superficie del automóvil dando a entender que por fuera, en el aspecto civil, su chofer ha actuado mal. Aquel mismo día, ese escupo significó para su conductor la necesidad imperante de ser limpiado, es una mancha, una deshonra. Pero lo fundamental es recordar para él, las razones de tener una mancha en el chasis de su auto. El hacerse las preguntas es el tercer elemento, como antes señalé. No importa cuántas respuestas alcance, sino cuántas logre realizar. Es así como en razón del escupo, el inconsciente del automovilista sabrá que algo malo ocurrió y se generó toda una gama de elementos negativos sobre su propio actuar. Será culpado a sí mismo como el causante de su propio mal, o al menos tendrá la dicha de cuestionar su andar siguiente a fin de evitar el contacto de su vehículo con otro golpe flemático, venido de la garganta de otro ciclista furioso.
Hasta ahí todo señala las razones por las cuales el mismo automovilista centra su culpa en sí mismo. Pero la conversación no acabó allí, pues mucho hay que decir sobre el tema. Lo ostentoso de llevar consigo una masa de acero y metal de unas ocho o diez veces tu propio peso fue el siguiente punto a debatir. ¿Qué representan estos elementos? Por un lado el hecho de la extensión corpórea señala la deficiencia que se suele representar como símbolo de virilidad. Cabe aquí la típica broma de quien presume lo que carece. Claro es que todo esto no forma parte del estudio filosófico del escupo, si nos sirve a modo de adecuación de la idea de golpear la virilidad y dejarla nula. Recordamos que este elemento de ostentación suele ser meritorio de miradas y presunción. Hoy ese vehículo sobre el cual versas tus oportunidades sexuales se encuentra limitado a una mancha tan grande como tu dolor y rabia. La ofuscación forma parte ahora del máximo impedimento a la sociabilización y el escupo es la manera de acabar con el elemento pene. Es un golpe directo al pene -concluimos entre risas-. El hombre nació para reproducirse, como un ser animal; un hombre que no se reproduce muere sin descendencia, por lo que no transciende. Un hombre sin descendencia es únicamente un error genético. El diálogo no acabó en lo metafísico.
La trascendencia como indicio de un trabajo mental -principalmente- y luego una aplicable a la physis fue lo que continuó. Entendemos fudamentalmente este trabajo como el primer elemento que busca entender la explicación más razonable. Originalmente era un arché, un elemento transmutador, presente en todo, origen de las cosas. El viaje del escupo es similar al viaje de una idea. Presuntuosa y concentrada se expande ante el contacto civilizador de la physis. En el mundo de las ideas, por lo tanto se mantiene la mucosa y al tocar un elemento material retrotrae lo antes meditado. El trabajo del mal ciudadano automovilista entonces es el invertido, pues ya no debe resumir de lo ocurrido como un hecho actual, sino que lo acontecido es un hecho pasado. Hacia atrás el escupo es la idea antes de la razón. Es la imaginativa antes del tacto. Antes de avanzar, y suprimir las leyes naturales, debemos detenernos a pensar.
Ya bien, definido como un elemento castigador, opositor a trascendencia y además, previo a las ideas es que se sigue el camino de mi ruta junto a mi compañero de diálogos. Se nos hizo tarde, se nos vino otra vez la noche que varió sin mayor cambio que el de la sensación térmica.
El escupo finalmente es la imagen de lo que acontece en el germen de la ciudad. Una máquina, una bestia, contra el poder humano y la debilidad que esto conlleva. Si no fuera por la distancia y los caminos distintos, nada de esta historia hubiese podido albergar semejantes ideas.
Otra vez este asqueroso Santiago se vuelve meca de las ideas arrogantes y el etéreo arte. Cultivamos hermosos templos para cubrirlos con palmeras y enfrentarlos a la repugnante movilidad urbana.
Por eso es que escupir, más que atentar la agresividad de un elemento discordante de la sociedad, es un golpe al conjunto completo que ya rompió el pacto de la polis. Asco, es la definición más adecuada.



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1. Es sabido que ninguno de los dos es el inventor propiamente tal, sin embargo quise hacer mención a ellos por razones lúdicas y de interés personal . Uno, por su importancia en el género en cuanto a la cadena de montaje y cómo esa cadena de montaje ha sido la reacción humana a la producción, siendo ahora los mismos seres quienes se mantienen en esa cadena como elementos de una fábrica. Hoy ya no se fabrican automóviles para los humanos, se fabrican humanos para que conduzcan automóviles. El segundo término, acuñado hoy mismo por mi, señala principalmente las características del invento de Karl Drais, la Laufmaschine, bien llamada "máquina de correr". La dependencia vital para el movimiento es fundamental para desarrollar la idea como una obra dramática en que la lucha de dos poderes completamente anversos se ve reflejada por la fuerza física de un humano frente a la generada por un motor a combustión.

2. Me refiero fundamentalmente a ella como la "capacidad para", que es llamada en Latín. El hombre nace con la cualidad expulsora, que a lo largo de su vida logra perfeccionar hasta considerarse una verdadera aptitud.
Siempre quise dedicar esta canción.
Hoy es la oportunidad. Siempre lo fue.
Quizás de verdad exista la depresión. Y yo tenga una.
La piel no es un lienzo artístico. La piel es la salida fugaz de los recuerdos. Ahí quedan los besos y las caricias. Incluso las miradas se adhieren a ella como abejas en miel. Son uno a otra. La piel debe ser tratada como esa memoria borrosa y mal cuidada; el valor se va con el tiempo. Cada vez nos parecerá menos malo algo que en su comienzo fue horrible. Es la piel la que no queda sucia. Porque no es un lienzo. No, no se puede escribir en ella los recuerdos, no se puede borrar de ella lo olvidado. La piel es una horrible marca de temperatura, de frío y calor, muy distinta a un papel. La piel se consume a sí misma con dolores y afectos, cercanías y apellidos poco variables. La piel se lleva esa sensación de tacto, sin ser un lienzo en el que escribamos los nombres de todas nuestras amantes. 
Tengo un trozo de todo contenido en mi espíritu. un trozo de nada en algo inexistente. Hablando de tantas dimensiones tú te cuestionas la validez de lo que pensabas. Estoy perdido en un lugar al que no quería acercarme. Me pierdo. Frío. Se acaba el día. Al fin. Finalmente.
A leer, ya no puede detenerme a contarles nada.
Nada.
Antes de cualquier ficción me gustaría invitar a la señora Responsabilidad. Necesito su testimonio. Necesito sus halagos y quizás un mano que me sirva de apoyo. Nunca antes había estado tan presionado ni me había sentido más maravillado. Este camino es simplemente la dicha. Ni el señor Capricho, ni la sobrada Libertad pueden contra el hado animal.
Adoro la belleza de tus líneas. Adoro la presión que ejerces en mi ser. Ya no podía estar más tiempo sin escribir.
Mira con cuidado a tu alrededor. ¿ No sientes como yo que algo te falta?
Quizás los dos somos inmortales y todavía no nos damos cuenta.
Atestaba la razón con imágenes sin sentido. Recortes rápidos de recortadas escenas de la memoria. Fútil intento de conservar el hilo magno de la suposición de las ideas. Es como un tren que se mantiene calmo, pero a la vez no se encuentra detenido en la estación. Tras de si, cientos de carros cuya única esperanza al movimiento pende de la marcha inicial de la locomotora. Noit le solían decir. Ya ni él recuerda el porqué de su apodo, jamás le importó cómo lo llamaran. Los sonidos y las palabras siempre se quedaban pequeñas ante su interés por la imagen, por la vista. Por mantener abiertos los ojos a los estímulos, al color. A la luz.
Los bolsillos de su chaqueta llenos de pequeños sobres con cocaína y en su maleta unos cuantos kilos más. Noit estaba en la estación haciéndolas de camello. Burrero. Manejaba los tiempos como en las películas invisibles, entre cada fotograma introducía un golpe al hecho. Promedió cerca de veinte por segundo y en intervalos de cinco daría la escena perfecta. Al final del día habría visto cerca de tres rodajes completos sin cuestionar su capacidad de transportar la droga al puerto de Fic. Esperaba, como en el cine, un séquito de policías custodiando su pasar, que lo observaran cautos y con sospecha. Él debía verse nervioso ante la persecución visual. Una pareja golpeaba el instante con sus estupideces. Una pareja de estúpidos.
-Un niño debe atravesar corriendo, su madre debe apresurarse a tomarlo del brazo- Pensó.
La obsesión como una regla fundamental en los pasillos de la estación, todo calculado por la seguridad del lugar. Él estaba ahí por las razones que él dispuso.
-Tres años en la cárcel, poco más de mil días... Más de noventa millones de fotogramas... La problemática del caos... ¡La problemática del caos!- Dijo en voz alta.
Se apresuró a la boletería y sin mediar diálogo se hizo de dos pasajes a la costa de la ciudad. 20-21. Ventana y pasillo.
- ¿Qué hacen todos parados ahí?
- Quizás juegan a observarte, Noit.
Se machacaba a si mismo la tragedia de su porvenir. Continuó caminando hasta el andén. Noit jamás esperó encontrarse a si mismo recostado en el piso del tren. O al menos eso parecía demostrar con su cara de espanto.
¿Sabes? Yo también te echo de menos. Merd.
No sé qué decir. Me siento bien. Muy bien.
Todo esto pasa por razones que se escapan de nuestras manos, como gente que orina en la calle.
Puteos de personas poblacionales.
Al final, todos estamos muy apurados para detenernos a mirar como amarrarnos los ovarios.
¡Que suelta!

¡Viva Santiago mierda!
Eso nunca lo había dicho ni pensado.
Un movimiento social que se tomó vacaciones no tiene mucho valor.
Una verdadera mierda.
De cualquier forma mañana estaré ahí. Porque yo suelo ser más inconsecuente que cualquier movimiento.
Pero no importa, tal vez soy una especie no descubierta.








































Eso es lo más lindo que he escuchado en años.
Que triste el devenir incomprensible.
Que amarga la sensación de tus suspiros.
Amar desde mi perspectiva siempre tuvo que ver con la confianza.
Traté, de verdad lo intenté.
Créeme cariño, si te hice daño fue para que me odiaras.
Con todas tus fuerzas esperé un golpe. Ese golpe llegó tarde.
Jamás hubiese dejado que notaras lo horrible que te estabas comportando.
Nunca te haría ver ese gran error. Nunca más confié.
Nunca te diría que estabas tan mal como para cagarme la vida.
Finalmente me odiaste de la forma que me amaste.
Tanta pasión.
Siempre fuimos los más apasionados.
Te dejé ir de una manera bonita.
Entre mis dedos dejé ir tus cabellos antes de ahorcarte por completo.
Te iba a quitar la vida.
Te iba a arrebatar un último suspiro con una traición.
Jamás pude.
Jamás pude dejar de soñarte.
Frágil, como una mano de arcilla.
Como figuras de papel.
Como trazo de grafito.
Tu sonrisa de perfil me dijo nunca más.
Nunca más.
Sé que nunca te gustó lo de las lágrimas.
No podía evitar verte junto a mi frente al espejo.
Esto no es tonto.
Es sólo incomprensible.
Incomprensible.
Incomprensible.
Incomprensible.

1:30

Sigue siendo incomprensible.
Me he preguntado cientos de veces ¿qué será de los que han llegado sin conocer lo que encuentran? Esos que por casualidad llegaron tras un click. Aquellos como la gente de Andorra. ¿Qué habrán dicho al leer? Supongo que en el último tiempo no he dado mi mejor cara, algo que entienden quienes me conocen y me ven regularmente. Así como Marla Singer preguntó al narrador éste le dijo que lo había conocido en un momento muy extraño de su vida. Ha sido una etapa muy extraña de mi vida donde he tenido de todo menos normalidad. La normalidad nunca ha sido atrayente pero se recuerda con deseo algún nivel de estabilidad. ¿Inestable? tampoco es correcto. Ha sido raro nada más. Conocí o mejor dicho re-conocí esa sensación de estupidez y a su vez recordé esa sensación de desprecio. Estuvo odioso, como el sol. Pero volviendo al tópico principal. ¿Qué será de ellos? Otro blog más donde alguien se descarga de manera anónima. Que desagradable la sensación. Me siento como un mal anfitrión. Para la próxima simplemente haré una bienvenida como corresponde. Hoy me siento extraño pues me pasó algo más extraño que todo lo que me había pasado hasta ayer.
Esto está algo mal. Pero cada vez me preocupo menos de lo que pueda ser. No pienso en la razones ni menos en las consecuencias, sólo estoy parado sonriendo con esa confianza que extrañaba.
El mundo volvió a ser mío.
Con un acordeón la vida sería tan distinta.
No tengo mucho, pero lo que tengo ya se ve mal.
La barba es de comunistas.
Me dejaré bigote, como ha sido durante los últimos años.
El bigote es de Alfa. Yo siempre he sido Alfa.

Momento pretencioso. Pero es que recordé lo feo que son las barbas.


Ya queda menos.
Emoción nivel ocho.
Me desagrada el aroma. Quiero vomitar.
Buenas noches a los que van quedando.
Lo único que me queda es una conclusión apresurada y un mundo de ideas que no llevé a cabo. El material con el que cimenté está siendo el alimento de las ratas, dejado en un callejón como basura. Ya nadie espera eso, ya nadie busca algo así. Soy una antesala del desuso, y cómo tan me niego todavía a morir en brazos de quienes considero bastardos que no saben apreciar. Será cosa de semanas, de días, espero que no se vuelva un desafío de horas. Tengo miedo lo que pueda venir de ahora en adelante.
Estoy parado nuevamente frente a ti y sólo puedo expresar dos miseras palabras. Me encantas. Y luego recuerdo lo fundamental. No te conozco.
Quizás por eso es que me encantas.
La vida es hermosa.
La vida es algo extraña, pero hermosa en su medida y razón.
No esperes nunca nada de ella. Ella sabrá llevarte a lo que buscas.
La vida nos presenta desafíos que nunca podremos alcanzar, pues ella sabe como distraer nuestra atención.
Una vez nos tiene comprometidos, nos sorprende con algo que no esperábamos.
La vida a ratos se vuelve esa mujer hermosa con la que soñamos.
Esto es como ir por la calle a cumplir con un compromiso y encontrarse de golpe con Edith Piaf.
Nunca tan puta ni tan fina.
Te das cuenta que estás mal cuando no has dejado de reprimir lo que sientes hasta el punto que se vuelve desagradable recordar en instante en que todo comenzó desde cero. El ejercicio es sencillo, y se asimila a algo que todos vamos a vivir durante una vida. Piensa en la situación más agradable del mundo, en el amor más completo, en la melodía que más te llene. Luego piensa que debes romper el disco, debes acabar con el amor o simplemente hacer de la situación un momento. Queda en el pasado y sólo queda eso, un choque frontal con las sensaciones de angustia. Te das cuenta que estás mal por muchas razones, cuestionar tu pasar sería una de ellas. No entender ni superar una frustración.
Te das cuenta que estás mal, cuando no has dejado de drogarte durante cinco días seguidos y no piensas detenerte. No tienes dinero, no te queda qué vender. Sólo piensas que es una salida y escapas de la manera fácil y cobarde. Refugiándote en alguna alcoba que alberga tu imaginación. Caer en la desesperación.
Te das cuenta que estás mal, cuando sientes que no vas a perder nada al intentarlo. Puedes volar, puedes dejar de sentir la respiración o puedes esperar que todo el mundo se detenga, sólo por capricho. No esperas nada de él y puedes hacer lo que quieres. Esto se vuelve como la manera simple de decir: me siento solo.
Te das cuenta que estás mal cuando todo esto es un juego diario, una disciplina de ser. Volverse uno con la indiferencia.
Afortunadamente yo estoy bien, todo marcha en una montaña rusa, y mis caprichos se reducen a desgaste físico y mental, más que a la destrucción de neuronas. Todo se ha girado y las cosas marchan en sentido contrario. Tan sólo espero -por primera vez en mucho tiempo- que el mundo jamás se detenga. Que no se detenga el tiempo nunca más. Al menos para mi.
Cuando entré en conocimiento, supe que no estaba renegado a la indiferencia. Había algo detrás. Una mentira quizás. O bien, ocultar algo que no se debía mantener en secreto.
Por momentos dudé de tu existencia. Y me siento avergonzado.
Ahora todo queda dividido en un nuevo hito. Un antes y un después.
Ya no pienso en el Karma.
¿Y si pronto cae el cielo?
Tendré que asumir un nuevo pecado. Un nuevo gran error.
Prefiero equivocarme mil veces antes de hacer las cosas para perjudicar a alguien.

O.
Hoy voy a hacer una locura- Dije.
Y me fui a la mierda en la bicicleta y llegué a las once a la casa.
Fin.
Ella.




¿Cómo se comienza una historia que hubieses preferido no terminar? Lo cierto es que en parte concluyó de buena manera. Me siento bien, me siento increíblemente bien -y frustrado, claro está- pero la sensación es maravillosa. Es similar a la estupidez cuando todos están siendo sabios. Es la risa en el momento serio e incómodo. Es una seguidilla de errores que concluye en la gloria. Una sabrosa gloria con tintes de derrota. ¿Qué mejor que celebrar cuando te das cuenta que perdiste? Lo único cierto de todo esto, es que mi historia no termina como suelen terminar las historias de amor -si, amor- ésta tiene un final triste cual relato shakespeariano. Es la malvada obra del destino en los oráculos. No esperes que por hacer las cosas distintas tengas un final que no ha sido determinado. Todo está envuelto por una bolsa de serpientes, al final del día sabremos que nos morderán, no sabemos si moriremos nada más. Así funcionan las cosas, según una perspectiva bastante individualista y existencialista, de cierto modo. Las rutinas son enemigos de la originalidad y te sorprenden con mensajes y señales. Estoy divagando de manera mundial, pero realmente no se me ocurre qué decir al respecto. ¿Me enamoré? ¿Tan rápido? Fue algo fugaz acontecido en una serie de eventos inesperados; la mala o la buena suerte jugaron sus cartas y se produjo algo inquietante. Perdí de manera descomunal cualquier intento de distracción durante una hora y algo y simplemente escuchaba música mientras sentía la mirada acosadora y bastante hermosa de la mujer más hermosa que he visto en años. En el pecho esa sensación espectacular de no saber qué hacer. Por primera vez en años o quizás nunca me había pasado, y es por eso que me sorprende tanto, pero nunca había quedado estático sin alguna idea en la cabeza que me sacara del momento. Estuve en una especie de coma con ojos y sentidos expuestos a plenitud, falló el habla. Es decir hasta eso ha hecho del día algo fantástico. Me quedé mudo como nunca había podido. Simplemente me ganó. ¿Por qué me quedé hasta las cuatro si sabía que debía levantarme a las seis? simplemente lo hice, como antes lo hacía por pruebas, exámenes y controles, hoy lo hago por gusto, por el placer de no hacer nada, conversar con gente, escribir, y leer algo por ahí. Simplemente seguí la rutina, aunque un poco excedida en el tiempo, ya sentía que me pasaba la cuenta. Y en efecto, desperté una hora tarde. Las cosas no se me complicaron, pero el sueño era gigante en relación a las ganas de estar en pie. Pensé en quedarme nada más. Fallar a los compromisos, otra cosa que no aprendo a hacer muy bien. De manera mecánica entonces comienzo el día. Llevo meses sin tomar desayuno, y justamente el día que estoy más atrasado decido tomar un té, viendo las noticias de canal 13. Constanza Santamaría está cada vez más flaca. ¿Qué me importa? La verdad es que nada. Sólo trato de dimensionar la muerte de muchas personas en Egipto. Me siento entre calmado y un tanto presionado. Termino rápidamente de hacer lo que debo hacer. Salir atrasado implica que tengo que caminar más raudo, ¿no? al carajo. Aquí es donde comienzan las irregularidades. Pagar adulto significó cargar el pase. Si llegar tarde era lo mío, el universo confabuló para que sea lo suficientemente notorio y en lo notorio está el dilema, quiero pasar inadvertido para evitar cualquier confusión. A veces se siente como si el tiempo jugara en contra y yo estaba en aquella situación un tanto incómoda; pero lo extraño es que a pesar de molestarme enormemente el hecho de llegar tarde a cualquier lugar, me sentía de lo más tranquilo. Es decir, he tenido una suerte cómicamente divina con la 107, lo que incluye un choque con un camión, que se funda el motor, y un par de peleas. En fin, es el penúltimo día, como le prometí al Dino. Originalmente trabajaría hasta el martes, quise ayudarlo con la cantidad de pega que le queda y me condené a tres días más de levantarme temprano, subir a una micro llena de gente -lo cual es un problema que nunca podré superar: Realmente detesto a la gente por las mañanas- y que por lo general huele mal. El viaje es eterno como para la lectura y de estúpido olvidé por completo un libro, sólo llevo un par de hojas sueltas con letras de canciones. Travel suena mientras tomo la maldita. Una rápida mirada me hace buscar lugar, la verdad es que estar cerca de una hora de pie sin razón aparente es masoquista. No tengo intenciones de seguir torturándome, ya van muchos días. Realmente me siento cansado, como un abuelo. Me acomodo primeramente pero por razones que no logro comprender salgo de inmediato de mi lugar. Viajo con la música, es la explicación más romántica. Me acomodo definitivamente en el último asiento esquinado en una ventana completamente rayada. Algo bastante negativo. Es como tener los ojos sucios y me comienza por desesperar. No siento sueño y eso me tiene un tanto extrañado, es decir, ¿qué cresta? ¿dos horas y algo son suficientes? supongo que un descanso cualquiera sea éste es válido a esta altura. Altura es la que jodió; durmiendo dos horas no crezco ni un puto centímetro más. Risas. Sonrío, pero parece una mueca de desprecio con las ganas que tengo de no ir a trabajar. En momentos así me dan las mayores inspiraciones artísticas y me doy cuenta que no llevo un lápiz. Mañana cabrona. No tengo nada más qué hacer, de haber traído un libro estaría perdido en algún lugar, el viaje sería mucho más corto a mi percepción y sentiría además, que estoy llenando esos vacíos que hay en mi cerebro luego de casi un año de sólo dedicarme a escribir y llenar hojas de lamentos. No sé porqué me pierdo tanto. Pero alguien me está mirando. Golpe, un verdadero golpe como nunca antes sentí en el pecho. No me caben dudas que es una chica muy linda, de esas que suelen ser retratadas y descritas por autores. Nada que sea lo suficientemente sobresaliente para ser desagradable, todo marcando un ritmo, siendo una sinfonía del camino por el cual recorre una mirada esquiva. No quiero parecer impertinente, pero desgraciadamente quiero seguir haciendo un análisis dado que esto escapa de mi rutina. Otra vez los detalles. Se gira rápidamente como en busca de una ayuda visual. ¿se pregunta dónde vamos? Y voilà, los ojos. Es verdad, he visto ojos por montones, pero debo asumir la culpa al haber ignorado lo valioso de unos ojos a medio cerrar. Siempre me atrayeron los ojos abiertos y grandes, redondos o almendrados. con una forma armónica y simétricamente puestos entre una nariz que diga cómo debes oler, en vez de ser la herramienta para identificar los aromas. No sé si habrá sido el momento en que notó mi presencia, pero desde aquel instante no me fijé más en quién estaba a mi lado. Meros espectadores de una melodía hecha de miradas cómplices. Son pardos, son extrañamente hermosos, como el césped en invierno. Van del verde al café. De lo circular a lo líneal. Son amarillos y azules. Ahí están de nuevo, esperando el contacto. Seré esquivo, no me interesa caer en juegos, ya he jugado suficiente, y con lo malo que soy, termino por rifar lo que no tengo. Las cejas no tienen nada que me haga imaginar una intervención, pero aún así son delineadas y cubren la suave curva que rodea el globo ocular. Me agrada la poca invasión en un rostro. Simplemente lo natural para demostrar un fortaleza interior. Si pudiera acercarme un poco trataría de buscar un detalle en ese antifaz, es decir, ojos y cejas ad-hoc es algo extraño. Me cubro en un canción, pero qué técnica. El teléfono siempre es útil. En definitiva estoy siendo demasiado invasivo y eso me molesta. Me trato de poner en el lugar del observado. Ya me imagino lo desagradable de estar siendo inscrito en una ficha de datos. ¿Pero qué más puedo hacer? Es realmente hermosa, y no lo digo por una necesidad vana, es algo que llegó de golpe, cuando alguien te asusta, sabes que te dio miedo, el grito, una máscara, un tirón. Lo mismo ocurre con el dolor, con las ansias, se siente la angustia y el hambre. La sed se padece como un cartel enorme en la frente que pesa cientos de kilos. Así mismo noto la belleza: Así entiendo la belleza. No es algo catalogable, simplemente es algo simple. Y por simpleza ella es simplemente Ella. No me gustaría quedar con la pura imagen retratada en lo físico, sonará de lo más estúpido, pero entre miradas sentía que estábamos conversando y compartiendo. A lo lejos intentaba de descifrar su movimiento de dedos, que por cierto eran de una sutileza única. Las canciones siempre adecuadas me dicen ciertas frases que se adaptan al momento, si bien la interpretación es válida mientras sea argumentada, siento que esperar a que encaje algo por encajar es apostar una pelea de ciegos. Pero me sentí en una especie de movimiento interior, algo así como que la melodía de Travel estuviera atravesando cada uno de mis órganos y el bombo constante no fuera más que mi pulso. Sus manos eran una especie de batuta, dirigían la orquesta en el viaje musical. A ratos me siento en la situación inversa y soy yo el observado. La verdad es que se podrá decir mucho de mi aspecto, estoy bastante más descuidado que hace años, me importa bien poco como pueda lucir, y todos esos egos quedaron enterrados con muchas otras imágenes que guardaba en un baúl. Soy objeto de la mirada en cuanto soy observador. Es simplemente un método de defensa. Como que de a poco surgen esos sentimientos positivos de valor. El reflejo de la ventana rayada me muestra una interesada chica. Le sonrío con los ojos cuando me los topo de casualidad, me asiente de manera significativa. Sonará majadero, pero es muy linda como nunca antes vi. Amor fugaz como color de violines. Los momentos se hacen como pedazos de conversación y risas. La verdad es que estoy completamente fascinado. Fascinado es una palabra precisa. ¿Qué estará pensando? Lo cierto es que yo no pienso mucho, de a poco pierdo esa capacidad y me vuelvo un retratista. Estoy haciendo un hermoso recuerdo del momento. Sin un maldito lápiz. Sin un maldito lápiz. ¿Sabes? estoy empezando a pensar que todo fue una coincidencia. Malditas coincidencias. Apenas maldigo aparecen los malditos humanos. Se llenó. Como el viento trajo a las personas, las personas se llevaron los ojos más bellos que he visto en mi vida. Si me vuelvo sobre mi será fácil dejar pasar. Volver de golpe al lugar del comienzo es como tropezar en la meta, te das cuenta que no tienes nada, que eres la estela de una Victoria. Me ajusto a lo que queda por recorrer, supongo que pensar en detalles ahora es innecesario y estar más seguro de no quedarme dormido es algo que vuelve latente ante la barrera humana que cohíbe mi diálogo. Cerrar los ojos me hace pensar que puedo escuchar gritos a través de un pasillo imaginario. Si usted no vio The fisher king no debería hacerse llamar enamorado. Esa película es el perfecto ejemplo de amor, amistad y pasión. Es la destrucción de un amor perfecto, la idealización de uno emergente y onírico, las idas y vueltas de uno inseguro y finalmente la fortaleza de un amor de hermanos, de compañeros. Es un baile, las personas bailan el amor de otros que se buscan sin mirar a otro lugar. El vaivén del bus hace de este ejemplo una realidad y por momentos nos volvemos a mirar, a hacer un solo color de aromas. Realmente me siento como un niño y sentirme como un niño es lo que más me llena. A los niños los contentas con pedazos de azúcar, con juegos baratos y con muchas ilusiones. A los niños se los tiene en constante expectativa. Están alerta. Estamos alerta. una vez más. Me doy cuenta que desde un comienzo no estaba jugando solo y que realmente me gritaba sus hermosos ojos. Si bien desde el comienzo cuestioné el aura negativa que rodea la 107 creo que lo ocurrido en esta ocasión, supera el choque, la fundida de motor y las peleas. Estaba tan concentrado en no perder un instante de Ella que se me hizo nula la percepción ante la despreciable actitud de un pobre imbécil. Gritos condenaban a un culpable de abuso sexual, en un triste episodio para una niña de cerca de siete u ocho años. El infeliz fue custodiado por una acojonada mujer que le impidió total movimiento, la llamada a carabineros no esperaría y la micro entera se detenía en medio de la nada a la espera de la yunta policial. La desesperación se reflejaba en todas las llamadas realizadas. Sabíamos que llegaríamos más atrasados, más atrasados aún de lo que estábamos. Sin embargo yo me sentía en el momento y en la hora adecuada. Cual director de colegio, el chofer decidió abrir las puertas a quienes quisieran bajar en busca del siguiente bus. Por un instante pensé en aprovechar la oportunidad. Miró diciéndome que no lo hiciera.  De eso voy a estar seguro siempre. Quedamos solos en la parte trasera del microbus, cuando una pareja de detectives se llevó esposado al infeliz. Junto con él, un par de mujeres decidieron aportar sus antecedentes para la segura denuncia e imputación. Estamos solos quiso decir, eso quiso decir. Los juegos en soledad tienden a llevar ribetes de prohibidos, son lo que se esconden en las sombras. Así como el delincuente recién atrapado, nos perseguíamos en una constante ida y vuelta de preguntas. ¿Cuántos años tienes? ¿Qué haces? ¿Qué estás escuchando? ¿Por qué sonríes tanto? Creo que me enamoré a la misma velocidad que noté brillar el color de esos ojos. Y lo digo sin miedo al error. Esto no es algo tan complicado de entender, sólo se siente y se vive. Amor a primera vista dirán los más clásicos. Yo prefiero creer que la vista misma es el amor y no mediante ella que uno termina fascinado. Estoy completamente rendido y no se me ocurre nada para decir. Como nunca antes me siento con total certeza de lo que está pasando, es demasiado evidente. No puedo mantener la cordura. El bus comienza nuevamente su recorrido. Como una góndola, somos dos los que quedamos en el largo pasillo. Me hace pensar en las fiestas de máscaras, aquellas en que no logras reconocer a los asistentes. Queda poco camino y el recorrido ha sido como ningún otro en cuanto a duración. Para mi no es más que una canción de nueve minutos. Quizás es momento de abstraerse nuevamente, es decir ya no podré escuchar nuevamente esta canción sin pensar en que la música estará con nosotros por siempre como la banda sonora del mejor de los momentos de una película muda. Un perfecta ironía de la misma relación. Mudos pero con el sonido llenándonos mientras no paramos de conectar la mirada. No me voy a bajar sin antes hacerle saber lo linda que luce este día. Deberías saber que me tienes encantado. Eres simplemente hermosa como nunca antes vi. Simplemente. Le sonrío mientras me quedo de pie junto a ella. Me está mirando fijo, como tratando de aprisionar un recuerdo cercano de lo que nos ocurrió. Hago lo mismo sin dudarlo. Nos miramos fijamente a unos treinta centímetros de distancia. Sin quitar nada la vista estamos encerrados el uno en el otro. Parecen horas, deseo que sean horas y siglos. Desearía haberte conocido antes... tu música estará por siempre. Viniste a ser alguien tan especial como única en menos de una hora. En menos de una hora te robaste lo que quedaba de sentimiento. Siempre estamos a la espera que las cosas sean mejores de lo que están. Nos quedamos mirando incluso al momento de separarnos. Con esa sensación de estar pereciendo juntos, como si lleváramos la vida completa viajando al lado del otro. No somos más que dos miradas menos ahora. Y nos alejamos ante la inoperancia de los sentidos. Nos bastó sólo uno para descubrir que podemos amar sin tocar nada. Nos idealizamos y nos quedamos por siempre juntos. Me tomaste por sorpresa como suelen ser las cosas más hermosas. Tu sonrisa hizo que todo se convirtiera en el mejor regalo que jamás pude esperar. El viaje. The endless trip. El viaje hizo de mi un enamorado. Me enamoré perdidamente de tus ojos y no me puedo lamentar de eso. La sensación es eterna. Aún no dejo de alucinar. Volví a quedar ciego. Gracias a Ella.
Me gusta.
Hace un tiempo era una banda más. Y de esas que son una especie de pecado culpable. Pero me di cuenta que manejan conceptos, y me gustó el concepto. Además me recuerda mucho cuando era chico y jugaba MK3U. La música es ideal para ese juego y se parece bastante.
Es ideal para ir en la cleta. Aunque en la Cleta el 98% de las melodías son ideales.

Al parecer tener insomnio me ha servido para escuchar música que jamás pensé. Me siento misceláneo. Me vuelvo a sentir misceláneo. ¿Qué saben? yo también manejo conceptos y son bastante buenos. 
Estoy demasiado cansado como para cuestionar el momento específico en que perdí la total esperanza en los seres humanos. El Hombre es simplemente despreciable.
Why do you telephone?
And why send me silly notes?
I'm so sorry...
Why do you come here?
When you know it makes things hard for me?
When you know...
Why do you come?
You had to sneak into my room.
Just to read my diary...
It was just to see, just to see
All the things you knew, i'd written about you
Oh so many illustrations...

A Morrissey entonces iremos.
Mala suerte es que en la mañana tu micro choque con un camión y llegues atrasado.
Y que en la tarde salgas a las siete y en medio de la nada tu micro quede en pana y llegues a la casa a las nueve.
Mi blog toma el nombre de la canción de The Gathering que me da escalofríos. Bad movie scene.
Porque sentirse tonto, es como sentirse enamorado.
Hubiese sido notable ver a Yolandi V. en la película de David Fincher. En fin, no se puede tener todo en la vida. O quizás si.
Si existe la bisexualidad, entonces yo soy bisexual.
Me gusta la Universidad de Chile y la Unión Española.

Almendro.




La mayoría de las veces las amistades terminan por ser crueles. De distintas formas, siendo irónicos, con ese humor negro, con jodidas tallas que intervienen directamente en nuestro sistema nervioso. Te recuerdan cosas que no quieres, te preguntan sobre temas que ya no te interesa cuestionar. Las amistades son como animales que te traen a otros animales muertos a tus pies. Como regalos; obsequios que tu no esperas recibir. No puedes frenar el ciclo de la vida y debes lamentarte de que así ocurra. El corregir actitudes es una determinación arbitraria que no debería nunca depender de nuestros actos. Hoy Atila jugó en el patio, estuvo varias horas entretenido. Él pasea, maulla, escala árboles persigue moscas. Al cabo de un rato llegó corriendo con un pequeño pájaro entre sus fauces, el pájaro aún vivía cuando lo puso cerca de mis pies y me miró con cara de orgullo. La verdad es que la escena me tomó de sorpresa y no supe si sonreír o enojarme. Estaba herido, más bien agonizante cuando lo volvió a poner en su boca para continuar su macabro juego. Las opciones eran dos, se lo arrebato y lo suelto –quizás entienda que no me agradó, quizás no lo comprenda, aunque eso poco importa- la segunda opción es simplemente dejarlo jugar, al fin y al cabo es un animal jugando con otro en el ciclo de la vida vista desde el prisma de la metáfora más perfecta de todas, la muerte inminente. Para él es algo que simplemente llama su atención, se mueve y hace sonidos de dolor, es básicamente una novedad y él la quiere tener. Si esto no se tratara de vida o muerte, la escena podría ser vista como una magnífica obra de la solidaridad. Aunque pensándolo ahora, es un juego de supervivencia y debes siempre saber o conocer que ser el más astuto te llevará a flote. Ninguno sabía eso, estaban experimentando el aire, estaban recién saboreando la vida. Ambos jóvenes, Atila no pasa de los seis meses y aquél pájaro de seguro tenía un par de semanas. Lo dejé jugar, con un sentimiento de culpa que venía de la mano a un estado de asombro. Recordé rápidamente el consejo de un amigo en situaciones de conmoción: Rompe el momento, echa una puteada, golpea algo, escupe, blasfema, odia, estornuda, pero debes romper el momento para que el caos no se apodere de ti. Esto está mal- dije antes de quitar la pequeña ave de su esfera de juego/ poder. Intentó recuperarlo, pero simplemente no se lo permití. Sabía de cualquier forma que el pájaro moriría, estaba prácticamente muerto en mis manos. Salí a dejarlo en un nido que encontré en lo alto del almendro. Entré a continuar con mi vida y con la de Atila que ahora jugaba con un pedazo de alfombra. Siento que ahora me mira con cara de tener un secreto, como esa mirada cuando descubres los regalos de navidad, él sabe que puede matar y es lo que le gusta hacer. Es un gato, un cazador, un carnívoro y además tiene nombre de bárbaro. El azote de Dios. Pasaron varias horas con el tema un tanto olvidado que decidí esclarecer la situación del gorrión. Muerto como esperé, se llenaba de hormigas carroñeras que no esperaron ninguna ceremonia. Somos los únicos que sembramos muertos pensando que así podremos mantener un contacto con ellos. Somos de piel y carne. De plumas y picos. A veces somos como gatos que juegan a matar. Atila me recordó que en el mejor de los casos él se dedicará a cazar mientras yo estaré a su guardia intentando evitarlo. Pero ¿para qué? ¿por cuánto tiempo? No soy quien para esperar que cambie; además no quiero que lo haga. Él seguirá trayendo aves muertas a mis pies cada vez que se le antoje. Yo decidiré entonces si las dejo de morir en el hocico de un animal o en la pasividad de un nido. La muerte no se puede cambiar. Siempre diré lo mismo respecto a la otra obligación, no la de escoger. La de ser honesto. Si, fue lo más hermoso. Prácticamente perfecto. Ahora está lleno de hormigas, por lo que se ve difuso. Pero yo sé que fue hermoso. La felicidad nunca antes pasó por algo tan volátil como la vida de un pequeño gorrión. Las amistades son carnívoras cazadoras.
Me gusta Atila (AKA suruyo) porque siempre que llego, se me acerca, me mira con cara de cariño y se sube a mis piernas. Incluso cuando estoy comiendo lo aguanto. Si tener gatos es de gay, entonces seré George Michael.
Que guapa es Winona Ryder.
Los ojos ya me gritaban un receso. Cansados como esclavos. No pude fallar en su contra. Los muy infelices me manipularon y perdí la noción del tiempo. Eran cuatro días, y al final se cerraron para quedarse así.
Antes de borrarme, necesito pasar un aviso de utilidad pública: Los libros no se prestan, se recomiendan. Y esto debe ser aplicado también a las películas. Cuántas películas y libros tengo que nunca han sido míos. Lo malo es que por lo general son películas malas y libros que leí una vez. Debí ser más astuto y quedarme con el lado bueno, no con las sobras de alguien más. En fin, a comer algo que alimente la mente. Como la ambrosía de los Dioses, como el elixir de los Titanes. Algo así.
Red is a Slow colour.




La casa negra al final de calle se ve demasiado oscura como para ir y entrar; pero lo hago. Adentro no me puedo ni siquiera mover por el desorden de los pasillos. Una pintura en la pared luce caotica, no quiero seguir mirándola; pero cuando la observo no puedo hablar debido a la confusión en mi cabeza. Estoy vulnerable y quiero salir de aquí, pero cuando lo intento, el color rojo viene tras de mi. Es feroz y se mueve lentamente.
No me huevée, ¿no ve que estoy trabajando?

Incendios en un parque nacional, encontrar al responsable. Multa.
Incendios en bosques de la región del Bío-bio, no saber de responsabilidades, cuestionando incluso el hecho que exista una intencionalidad. Ley antiterrorista a los responsables.

¿Hablan que no existe persecución?
Por favor, seguirán escribiendo la historia con la sangre de los oprimidos. Protegiendo los intereses de quienes mantienen sus bocas limpias de rotería. Puta justicia, eres una ramera como tu hermana igualdad y tu prima la democracia. Te vendes por unos pesos.
Reduce toda expresión de cariño a sexo, para quitarle valor a todo lo hermoso que pudo tener una relación.  
¿Salir un viernes? Prefiero quedarme en casa y beber agua.
Siempre he sido fome, cuando intenté ser carretero terminé asaltado. Aunque debo decir que también robé un par de cosas. 
Hora de comenzar de nuevo. Esta vez sin drogas y sin penas.
Sentencias cortas hacen de la vida algo más rápido.